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Cuaderno de la IN (Segunda Época)
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Registrado: 15 Mar 2010
Mensajes: 155

MensajePublicado: Mie Ago 08, 2012 6:21 pm    Título del mensaje: Cuaderno de la IN (Segunda Época) Responder citando

CUADERNO DE LA IZQUIERDA NACIONAL
SEGUNDA ÉPOCA


DIRECTOR: ALBERTO J. FRANZOIA
EDITA: RAÚL ISMAN
PUBLICACIÓN QUINCENAL
AÑO 1 - 2012



CUADERNO Nº 1 – AGOSTO 8 DE 2012



1. La liberación también requiere honestidad intelectual. Por Alberto J. Franzoia

“¿Es un descuido? ¿Olvidan citar en todos los casos al Cuaderno de la Izquierda Nacional que le ofreció al amigo Juan Carlos Jara publicar sus valiosos hallazgos? Sospechamos que por la reiteración sistemática del “descuido u olvido” estamos en presencia de una conducta deliberada. Para confirmarlo uno sólo tiene que recurrir a la sección “Se dice de Ramos” en ese mismo sitio: ihttp://jorgeabelardoramos.com/dicende.php?id=10,. Allí encontraremos la introducción ya mencionada que Jara hizo en exclusividad para Cuaderno de la Izquierda Nacional antes de publicar su investigación, pero nuevamente el ·”Centro Documental” omite toda referencia al respecto, parece hecha para ese sitio. La única alternativa para liberar de culpas a los responsables de “Centro Documental Jorge Abelardo Ramos” es que se haya levantado el material de otra página que lo tomó “prestado” omitiendo la fuente. Sin embargo, aún en ese caso deberían haber aclarado el tema, si de rigor intelectual estamos hablando nada menos que un sitio de documentos históricos. “








2. De ganados, mieses y otras yerbas. Por Juan Carlos Jara

“Lo que en cambio no resulta justificable es pretender aun hoy que ése -y no el inclusivo e industrialista del ‘45- sea el modelo al que debe regresar nuestro país para retomar un destino de grandeza que determinados sectores argentinos siguen ubicando en los años del Centenario.
Nos estamos refiriendo a los hombres y mujeres de la actual oposición, nostálgicos de esa Argentina monoproductora y desigual que pretendió resurgir con parecidos parámetros a los de 1910 en los desdichados años menemistas y en los días no menos aciagos que precedieron al voto no positivo del recordado Julio Cobos.”




3. La Izquierda Nacional en Formosa. Por Gustavo Battistoni

Introducción y video
“En el marco de una invitación que me hiciera la agrupación “ La Cámpora ” de Formosa, con el auspicio de la Secretaria de Cultura de la Nación , estuve exponiendo y charlando con los amigos del norte del país sobre la vigencia del pensamiento nacional. Fue una experiencia enriquecedora para quien tiene las anteojeras puestas esencialmente en lo que ocurre en la ciudad puerto y su deformante mirada del interior del país.”




4. Entrevista a Norberto Galasso
Cuando Norberto Galasso presentó su nuevo libro “La compañera Evita” fue entrevistado por La Paco Urondo. Cuaderno de la IN publica a continuación el sintético e imperdible contenido de dicha entrevista en la que Galasso, entre otras cosas, sostiene: “se necesita una fuerza capaz de reunir 12 cuadras de gente para tomar las medidas de las asignaturas que aún quedan”




5. Los Olimareños interpretan “Simón Bolívar. Letra de la canción y video



Ahora Cuaderno de la Izquierda Nacional se publica en la revista digital Redacción Popular. Para ingresar directamente ir a: http://www.redaccionpopular.com/articulo/cuaderno-de-la-izquierda-nacional-numero-i-segunda-epoca


Para publicar en Cuaderno de la Izquierda Nacional dirigirse a: [email protected]

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MensajePublicado: Vie Ago 10, 2012 1:45 pm    Título del mensaje: Responder citando

Publicación del Cuaderno de la Izquierda Nacional - Segunda Época en Redacción Popular

1. La liberación también requiere honestidad intelectual (1)

Por Alberto J. Franzoia
Director de Cuaderno de la IN
[email protected]




Cuaderno de la Izquierda Nacional publicó cada quince días en El Ortiba (`colectivo cultural al cual ya no pertenecemos) trabajos conocidos y otros inéditos de compañeros que con sus aportes intelectuales y práctica política han forjado la rica historia de la Izquierda Nacional. Algunos de esos compañeros ya no están entre nosotros, otros continúan con su valioso trabajo en la actualidad.

Cada vez que nuestro Cuaderno ha publicado artículos, ensayos o fragmentos de textos que estaban presentes en la web seguimos el criterio de todo sitio que apostando a la honestidad intelectual cita la fuente. No podría ser de otra manera, ya que somos profundamente respetuosos del esfuerzo ajeno independientemente de las mayores o menores afinidades ideológicas o personales que tengamos con los responsables de la tarea realizada.

Cuando los trabajos presentados son inéditos, es decir que su incorporación a la web es responsabilidad sólo nuestra, no le negamos a nadie la posibilidad de hacer uso de los mismos con la única condición de citarnos, ya que somos defensores a ultranza del reconocimiento al esfuerzo de cada uno. Si además quienes recurren a nuestros materiales son integrantes del bloque nacional y popular dicha aclaración debería estar de más, porque suponemos un acuerdo tácito de trabajar juntos y honestamente con el objetivo de fortalecer nuestro bloque. Para conseguirlo consideramos indispensable, desde ya, el respeto por el trabajo de otros compañeros.

Por lo dicho resulta inconcebible la actitud seguida por los responsables del sitio “Centro Documental Jorge Abelardo Ramos”, pues hemos comprobado un uso indebido de materiales que son producto de una investigación histórica realizadas por el profesor Juan Carlos Jara, quien decidió publicarlos en exclusividad en Cuaderno de la Izquierda Nacional. Desconociendo en forma manifiesta esta decisión los responsables del sitio mencionado en ningún momento citan la fuente a la que han recurrido con cierta asiduidad.

Sobre esta cuestión nadie puede alegar confusión u olvido ya que todos los trabajos de Jara estaban en una sección de nuestro Cuaderno titulada “Nuestros maestros, sus aportes inéditos en Internet” (esto durante el tiempo que estuvimos en El Ortiba) (2) Dicha sección fue encabezada con estas palabras del director de Cuaderno de la Izquierda Nacional:

“Iniciamos una nueva sección en nuestro Cuaderno que hemos titulado Nuestros Maestros, sus aportes inéditos en Internet. En próximas ediciones publicaremos en estas páginas virtuales un conjunto de trabajos nunca antes aparecidas en el medio mencionado, que han sido producidos por los más importantes maestros de la Izquierda Nacional y que, en algunos casos, hasta son poco conocidos en impresión gráfica. La sección comenzará con una serie de artículos escritos por Jorge Abelardo Ramos en 1952 agrupados con el subtítulo: Un Ramos desconocido, sus textos literarios en el diario La Prensa
Una aclaración necesaria: si bien todos nuestros materiales son de libre reproducción, solicitamos a aquellos lectores interesados en utilizarlos en otros sitios, que por favor no olviden citar los datos que serán consignadas siempre a pie de página en cada una de nuestras inéditas publicaciones, a saber: Responsable del hallazgo. Responsable de su digitalización. Responsable de su publicación original en Internet. Desde ya muchas gracias.”



Sobre su trabajo nos dice Jara en breve texto producido también para nuestro Cuaderno:

“En busca de material para la biografía de Cátulo Castillo que estaba preparando, me topé, en una colección de “La Prensa” del año 1952, con una serie de trabajos literarios de inusual enjundia y profundidad firmados por un tal Pablo Carvallo. Rebusqué en mi memoria y no recordé a ningún crítico con ese apelativo por lo que, basándome además en que un autor de esos quilates no podía haber pasado desapercibido en su época, pensé de inmediato en la posibilidad de que se tratara de un seudónimo. Poco después, en un libro de Norberto Galasso obtuve la respuesta: Pablo Carvallo no era otro que el por entonces joven intelectual marxista Jorge Abelardo Ramos.”


Sin embargo en el sitio “Centro Documental Jorge Abelardo Ramos” no se dieron por enterados del origen de los materiales que han publicado. Artículos hallados por Jara, como por ejemplo “El hombre y la máquina” de 5/4/1952, escrito por Pablo Carvallo (Ramos), figuran en Cuaderno de la Izquierda Nacional con la siguiente aclaración, siempre a pie de página, tal como se advertía en la introducción a la sección:
Responsable del hallazgo: Juan Carlos Jara
Responsable de su digitalización: Juan Carlos Jara
Responsable de su publicación original en Internet: Cuaderno de la Izquierda Nacional ( http://www.elortiba.org/in.html )

La “curiosidad” detectada en el sitio mencionado es que se omite toda referencia (por ejemplo en “Weidlé o la nostalgia de un mundo perdido”) o bien se ubica a pie de página (como en el mencionado “El hombre y la máquina) sólo un fragmento del pie de página de nuestro Cuaderno, con lo cual queda de esta manera:
Responsable del hallazgo: Juan Carlos Jara
Responsable de su digitalización: Juan Carlos Jara

Es decir, se omite la fuente donde el hallazgo de Jara fue publicado como trabajo inédito en Internet
Así consta hasta la fecha y se puede comprobar dirigiéndose a la siguiente dirección: http://jorgeabelardoramos.com/articulo.php?id=86


¿Es un descuido? ¿Olvidan citar en todos los casos al Cuaderno de la Izquierda Nacional que le ofreció al amigo Juan Carlos Jara publicar sus valiosos hallazgos? Sospechamos que por la reiteración sistemática del “descuido u olvido” estamos en presencia de una conducta deliberada. Para confirmarlo uno sólo tiene que recurrir a la sección “Se dice de Ramos” en ese mismo sitio: ihttp://jorgeabelardoramos.com/dicende.php?id=10,. Allí encontraremos la introducción ya mencionada que Jara hizo en exclusividad para Cuaderno de la Izquierda Nacional antes de publicar su investigación, pero nuevamente el ·”Centro Documental” omite toda referencia al respecto, parece hecha para ese sitio. La única alternativa para liberar de culpas a los responsables de “Centro Documental Jorge Abelardo Ramos” es que se haya levantado el material de otra página que lo tomó “prestado” omitiendo la fuente. Sin embargo, aún en ese caso deberían haber aclarado el tema, si de rigor intelectual estamos hablando nada menos que un sitio de documentos históricos.

Para cerrar este necesario comentario dirigido a nuestros lectores y sitios amigos, dejamos constancia de la predisposición de Cuaderno de la Izquierda Nacional, que en su segunda época será editado en Redacción Popular: http://www.redaccionpopular.com/ , para continuar colaborando con toda tarea de investigación y publicación que resulte útil para el crecimiento y consolidación de las fuerzas del campo nacional y popular. Sin embargo no estamos dispuestos a permitir que, haciendo un pésimo uso de la socialización del conocimiento, se oculte DELIBERADAMENTE el origen de una labor que es producto de grandes esfuerzos cotidianos. Justamente porque trabajamos por una sociedad distinta, tratamos de promover conductas que no sean una mera reiteración de aquellas que han caracterizado a lo largo de la historia a las clases dominantes. No olvidemos que en base a omisiones, ocultamientos y/o deformación de la documentación Bartolomé Mitre construyó nuestra historia oficial. Nosotros vamos por otra historia, la verdadera historia de los sectores populares.

Desde ya muchas gracias a todos los que siguen nuestra tarea quincenal y a los sitios amigos que con indiscutida honestidad difunden nuestros aportes con la aclaración de su origen. La transformación profunda de estructuras semicoloniales y oligárquicas conlleva, lo reiteramos, la necesidad de una cultura popular alternativa a la de las clases que históricamente han sojuzgado a la Patria Latinoamericana. Por eso no dudamos que la honestidad intelectual es uno de los prerrequisitos para la liberación, sin ella todo cambio será efímero.

La Plata, 7 de agosto de 2012


(1) Este artículo fue enviado al profesor Juan Carlos Jara y se publica con su plena conformidad.
(2) Los trabajos de Jara aún se encuentran en esta dirección de El Ortiba:
http://www.elortiba.org/in_apred.html


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MensajePublicado: Mie Ago 22, 2012 3:48 pm    Título del mensaje: Responder citando

CUADERNO DE LA IZQUIERDA NACIONAL
SEGUNDA ÉPOCA


DIRECTOR: ALBERTO J. FRANZOIA
EDITA: RAÚL ISMAN
PUBLICACIÓN QUINCENAL
AÑO 1 - 2012





CUADERNO Nº 2 – AGOSTO 22 DE 2012



1. Los intelectuales y el compromiso con la liberación. Por Alberto J. Franzoia

“En América Latina la necesidad objetiva de esta etapa de la historia pasa por derrotar a nuestros opresores y para ello es necesario que los sectores populares cuenten también con los aportes de aquellos que ejercen como intelectuales, quienes deben rever no pocos postulados de su actividad profesional. El rechazo a la neutralidad valorativa y su reemplazo por un compromiso transformador, identificado con las clases y sectores oprimidos por el imperialismo y sus socios nativos, no supone renunciar al rigor metodológico y conceptual. Pero sí es la condición para concretar la construcción de otra realidad posible, es decir, para que la utopía se instale como el nuevo escenario de nuestras vidas. Los procesos populares de la Patria Grande que transitan no sin dificultades y contradicciones por ese camino alternativo de liberación, son la justa medida actual del compromiso que cada uno asume. Aquí se puede apoyar (y si es con críticas que sirvan para mejorar la construcción bienvenidas sean), o ponerse en la vereda del enemigo histórico. Lo que no se puede es ser indiferente alegando una neutralidad o independencia que en los hechos expresa hipocresía o estupidez, ya que enmascara una alianza, consciente o no, con el opresor. “








2. Discépolo y Quevachaché. Por Juan Carlos Jara

“Como bien dice el ensayista Jorge B. Rivera, en “Qué vachaché” Discépolo “explica el funcionamiento real de la moral oligárquica”. Las aserciones de la protagonista retratan sin tapujos los falsos valores de una sociedad en quiebra: “lo que hace falta es empacar mucha moneda”, “la razón la tiene el de más guita”, “la honradez la venden al contado”, “dame puchero, guardate la decencia”. Discépolo desnuda en este tango la realidad que está detrás de la apariencia, el abismo que existe entre el contenido de grandes palabras como moral, honradez, amistad o decencia y la realidad viva de la patria escarnecida y vasalla. Por eso, tratar de adoptar una actitud ética en esas condiciones es ser “un disfrazao sin carnaval”””.



3. Bernardo Monteagudo. “un congreso común”.Por Carlos Machado

Trabajo de Machado inédito en Internet. Digitalizado por Cuaderno de la IN

“En diciembre del año 34 promovió, con Bolívar, la convocatoria del evento que debió concitar, en Panamá, a la suma de gobiernos y pueblos de la Patria Grande. Vicuña Machenna, Tornel, Soto Hall, Mendivil y otros historiadores acuerdan que el estilo de la “circular”, que citamos aparte, atestigua la paternidad de Monteagudo como redactor.
Lo mataron al mes. Candelario Espinosa empuñaba el cuchillo asesino en las calles de Lima. Confesaba después ser un simple instrumento de los que le pagaron por ese trabajo. Le dieron tres mil pesos. El precio del temor y del rencor. Un nacionalicidio.”



4. La mujer, en la casa, reproduce la fuerza de trabajo sin cobrar salario. Por María Isabel (Yiyí) Constenla

“Importantes estudios antropológicos, sociológicos y económicos dan cuenta de que la familia fue durante largo tiempo la unidad de producción y consumo donde se cumplían funciones sociales que abarcaban las actividades del ser humano desde el nacimiento hasta la muerte. Este artículo está referido a la situación de la mujer a partir de la revolución industrial, que se desarrolla entre los siglos XVIII y XIX a raíz de las invenciones mecánicas (máquina a vapor) que afecta especialmente a la industria textil, cuya característica fundamental fue la sustitución de la industria doméstica por la gran fábrica y las consecuencias sociales y económicas derivadas de este hecho.”


5. Video: Diego Rivera corazón de arcoiris y alma de Méjico



Ahora Cuaderno de la Izquierda Nacional se publica en la revista digital Redacción Popular. Para ingresar directamente ir a: http://www.redaccionpopular.com/secciones/cuadernos-de-la-izquierda-nacional


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MensajePublicado: Sab Ago 25, 2012 3:20 pm    Título del mensaje: Responder citando

Los intelectuales y el compromiso con la liberación

Por Alberto J. Franzoia



Estudiar la realidad, describirla y si es posible explicarla, supone desarrollar en forma explícita o implícita una filosofía acerca de qué condiciones ha de cumplir dicho proceso. La concepción más difundida por coincidir con los intereses de las clases dominantes es aquella que presupone la posibilidad de gestar un conocimiento caracterizado como “la objetividad pura”, con ausencia total de condicionantes; en donde objetividad, además, se correspondería con neutralidad valorativa, imparcialidad o independencia. En otras oportunidades trabajé este tema destacando que grados importantes de objetividad son posibles pero nunca la objetividad absoluta, ya que se presentan condicionantes que deben ser reconocidos y explicitados como condición necesaria de rigurosidad; mientras la neutralidad es algo bien distinto. La primera tiene que ver con la construcción de un conocimiento verdadero sobre el objeto abordado; la segunda se vincula con la posición que (siempre) adoptamos ante el mismo. Desde esta perspectiva puedo hacer una descripción y explicación del objeto lo más cercana posible a su realidad (y hay técnicas para validar esa cercanía), pero por otra parte ante el objeto adopto una posición favorable o contraria, es decir: no neutral; y eso es independiente de que se lo explicite o se lo niegue.

Para un positivista lo que es “es” (por lo tanto la realidad no encierra su propia negación dialéctica) y el investigador, político o periodista serio es aquel que se limita a mostrar eso que “es”. Decimos que esta versión del conocimiento coincide con los intereses de las clases dominantes, porque esa actitud contemplativa ante la realidad excluye toda posibilidad de negación crítica de la misma y por lo tanto cierra los caminos alternativos para la transformación (lo cual supondría un compromiso con ella). Si el sistema de opresión mundial logra presentarse como aquello que es “natural”, la realidad es lo que hay, entonces pensar en superar esa realidad se presenta como un delirio subjetivo cuyos propietarios son los ilusos revolucionarios de la política, los ideólogos que pretenden hacer ciencia y periodismo careciendo de rigor, los psicológicamente desequilibrados o los socialmente resentidos.

Desde esta perspectiva ser políticamente correcto es hacer política realista, de allí que en los noventa para buena parte de la dirigencia y comentaristas “independientes” de turno Menem era el político posible de una etapa de la historia argentina inmodificable. De la misma manera la ciencia seria era la positivista, los sujetos de psiquismo sano eran los adaptados que no deseaban más de lo que las condiciones objetivas (establecidas siempre por un terapeuta “sensato” cuyo mundo no supera los límites del diván) le permitían desear, ser socialmente normal era desempeñar sin chistar el rol que a cada uno le correspondía en una sociedad integrada (según la entienden claro está los sociólogos funcionalistas), y si uno se quedaba finalmente afuera, sobretodo en la periferia del sistema global, debía aceptar su condición de excluido para ir en busca de la caridad practicada con cuentagotas por un Estado mínimo.

Pero como la historia se construye con flujos y reflujos, avances y retrocesos, llegó el siglo XXI y los comportamientos comenzaron a modificarse en busca de esos ideales que parecían perdidos pero que de pronto comenzamos a visualizar allá lejos, en un horizonte todavía borroso, pero aún así posible. De la forzada certeza de lo que “es” vamos transitando, a paso lento pero cada vez más firme, hacia la negación de mucho de lo que ese “es” encierra. Entonces la política conservadora del “realismo”, la ciencia y el periodismo neutrales por lo tanto garantizadores del continuismo liberal, el sujeto adaptado a la funcionalidad del sistema o a la exclusión mitigada por una caridad paternalista, son subvertidos por el regreso largamente esperado de la utopía. Pero como la utopía fue descalificada o ridiculizada durante los años del pragmatismo, resulta necesario recordar cómo la definimos los que trabajamos con compromiso y seriedad (o por lo menos lo intentamos) por otro mundo posible. Utopía no es el lugar imaginario al que nos escapamos para no asumir una realidad que nos frustra; no es la fantasía de tarambanas caminando a varios centímetros por encima de la tierra y con los ojos entornados para contrariar la ley de la gravedad; no es sinónimo de ideas irrealizables. Pero tampoco está tan devaluada en nuestra percepción como para reducirla al logro sólo de pequeñas cosas, esas que nos hacen más soportable la vida cuando se ha renunciado a cambiar las condiciones que generan grandes tragedias humanas. La utopía comenzó a volver durante este siglo XXI en América Latina con la fuerza de los grandes proyectos colectivos aún no realizados pero realizables si se evalúa con rigor la relación entre fines, medios y condiciones. Es la certeza de que otra realidad es posible sólo si tenemos la suficiente voluntad como para comenzar a construirla sin desconocer los factores objetivos sobre los que debemos actuar; conscientes además de que la historia es independiente de la voluntad individual de cada uno pero nunca de la voluntad colectiva de los pueblos.

Para que los pueblos de nuestra América Latina puedan disfrutar una vida distinta es evidente que ante todo debemos derrotar al imperialismo y sus aliados internos. Eso ocurrirá si contamos con medios indispensables, entre las cuales el más importante es la voluntad de cambio para hacerlo posible, porque nadie más lo va a hacer por nosotros. No hay cambio estructural sin lucha, ni lucha con posibilidades de éxito sin conciencia. Hemos comenzado a traer de regreso a casa esa gran realidad que aún no terminamos de concretar. No es un sueño, es lo objetivamente posible si somos capaces de modificar la supuesta “naturaleza de las cosas” trascendiéndolas hacia su propia negación, esa que está contenida precisamente en la realidad objetiva. La verdadera negación de la opresión (de naciones y clases sociales) es producto de la rebelión de los oprimidos, nunca ha sido de otra manera.

En el campo de la política, la ciencia y el periodismo luchar por realizar la utopía significa entonces renunciar a la filosofía positivista que nos han transmitido los intelectuales que nos formaron durante años, esa fracción de intelectuales que producen y difunden las ideas que les han permitido a las clases dominantes perpetuar la opresión. Para los que trabajamos con las ideas ha llegado un tiempo más propicio para que produzcamos y difundamos otras ideas. Las ideas que se corresponden con los intereses estratégicos de las clases y sectores mayoritarios y hasta ahora dominados. Pero para ello es imprescindible renunciar a la supuesta neutralidad valorativa como condición necesaria para gestar un conocimiento no sólo verdadero sino transformador ¿Para qué puede servirnos el conocimiento si no es para modificar las condiciones de la vida, haciéndola más justa, más libre y más bella? La neutralidad es una de las tantas farsas engendradas por los intelectuales de las clases dominantes o los que a ellas sirven; los mismos que a lo largo de nuestra historia actuaron como integrantes de la alianza oligarco-imperialista pero disfrazados de independientes.


En América Latina la necesidad objetiva de esta etapa de la historia pasa por derrotar a nuestros opresores y para ello es necesario que los sectores populares cuenten también con los aportes de aquellos que ejercen como intelectuales, quienes deben rever no pocos postulados de su actividad profesional. El rechazo a la neutralidad valorativa y su reemplazo por un compromiso transformador, identificado con las clases y sectores oprimidos por el imperialismo y sus socios nativos, no supone renunciar al rigor metodológico y conceptual. Pero sí es la condición para concretar la construcción de otra realidad posible, es decir, para que la utopía se instale como el nuevo escenario de nuestras vidas. Los procesos populares de la Patria Grande que transitan no sin dificultades y contradicciones por ese camino alternativo de liberación, son la justa medida actual del compromiso que cada uno asume. Aquí se puede apoyar (y si es con críticas que sirvan para mejorar la construcción bienvenidas sean), o ponerse en la vereda del enemigo histórico. Lo que no se puede es ser indiferente alegando una neutralidad o independencia que en los hechos expresa hipocresía o estupidez, ya que enmascara una alianza, consciente o no, con el opresor.

El compromiso con los sectores populares asumido por el intelectual no significa entonces renunciar a un conocimiento lo más objetivo posible, ni escaparle a la crítica constructiva con el pretexto de servir con “lealtad” a un conductor, sólo es poner el conocimiento riguroso al servicio de un proyecto explícito sin temores ni complejos. Oscar Varsavsky (“Ciencia, política y cientificismo”, 1969, Centro Editor de América) al referirse a sus colegas lo dijo con claridad meridiana cuando, ante la falsa alternativa entre el científico “neutral” y el politizado (que por serlo decide abandonar todo intento científico), optó sin dudarlo por el que pone su formación profesional al servicio de un proyecto de liberación. Desde ya este planteo excede el terreno de la ciencia y sus cultores, en tanto es aplicable a todo aquel que ejerciendo una actividad intelectual pretenda resultar creíble y útil para su pueblo.

La Plata, 21 de agosto de 2012

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MensajePublicado: Jue Sep 06, 2012 3:52 pm    Título del mensaje: Responder citando


Editorial del nº 3 de Cuaderno de la Izquierda Nacional
http://www.redaccionpopular.com/node/6052


Jorge Enea Spilimbergo y la moral de la revolución

Por Alberto J. Franzoia





Si bien ayer se cumplieron ocho años desde que Jorge Enea Spilimbergo (25 de septiembre de 1928 - 4 de septiembre de 2004) nos abandonó físicamente, resulta claro para muchos compañeros que su luz lejos de apagarse se agiganta con el paso del tiempo. Tanto en sus ideas generales, ensayos y estudios de largo alcance, como en prácticas y artículos de coyuntura dejó enseñanzas de enorme utilidad no sólo para sus contemporáneos sino para las nuevas generaciones.

Como socialista de la Izquierda Nacional Spilimbergo centró su artillería intelectual en dos cuestiones esenciales y fuertemente vinculadas en el seno del capitalismo: la liberación nacional y la liberación social. La primera relacionada con una lucha en el planto internacional entre países oprimidos y países opresores, pero cuya posibilidad de realización a favor de los oprimidos está determinada por el desarrollo de la segunda cuestión, la lucha en el plano interno entre las clases plebeyas y progresivas de la historia y las clases opresoras y regresivas que han constituido a lo largo del tiempo una alianza orgánica con las burguesías de los países imperialistas.

La liberación requiere en cualquier caso del abordaje y desarrollo de múltiples factores (tanto objetivos como subjetivos), entre las cuales la conciencia de la opresión por parte de los oprimidos y la voluntad política para acabar con ella adquieren un carácter esencial. Eso lo saben a la perfección las clases dominantes, de allí que dediquen enormes esfuerzos a la gestación y sostenimiento de una muy aceitada superestructura cultural, cuyo objetivo estratégico es evitar que la conciencia liberadora se desarrolle y materialice en un proceso de lucha popular. Dicho objetivo admite dos tácticas distintas pero que muchas veces pueden estar combinadas si así lo indican las circunstancias:
(1) Las clases y países opresores deben presentarse ante la conciencia real de los oprimidos como sus aliados para construir una sociedad o sistema armonioso, sin conflictos, porque en definitiva la lucha de clases y de países sería en tiempos del capitalismo tan sólo “un invento marxista leninista”.
(2) Ahora, si lo anterior se vuelve imposible en ciertas coyunturas históricas adversas porque los oprimidos descubren (al iniciar el desarrollo de su conciencia posible) que el supuesto aliado es en realidad un opresor, entonces resultará imprescindible “persuadirlos” acerca del carácter inmodificable de la realidad, a saber: los poderosos siempre lo serán en tanto esa condición forma parte de la naturaleza de las cosas. Nadie discute la ley de la gravedad, pues bien, lo mismo debe ocurrir a la hora de considerar desigualdades e injusticias históricas.

Spilimbergo abordó ambas cuestiones con gran precisión conceptual y una metodología dialéctica que le permitió captar la relación tan compleja como cambiante entre países en el plano mundial y entre clases al interior de cada uno de ellos. Una imagen que utilizó para expresar en forma sencilla los equívocos a los cuales las clases dominantes intentan conducirnos fue la del amo y el esclavo.

En primer lugar leamos un pasaje del texto de su conferencia “Malvinas y la Liberación Nacional” (1) en el que expresa la primera táctica del opresor: “Imaginen una plantación en el Sur de los Estados Unidos, antes de la Guerra Civil. El mayordomo negro, que es un esclavo en excelentes relaciones con el amo, habla pestes de la tía del amo, que es una mujer insufrible. Entonces, uno y otro intercambian figuritas sobre lo imbécil e insufrible que es la tía, muy jocosos los dos... hasta el momento que el mayordomo se considera un pariente del amo y le hace un desplante a la tía…”

Cuando hay un trato relativamente cordial del amo para con el esclavo el mismo es utilitario, ya que apunta a conservar la situación de privilegio a partir de un enorme engaño según el cual, más allá de la clase social a la que cada sujeto pertenezca, son todos miembros de una sociedad integrada y justa ya que le asigna a cada uno lo que realmente le corresponde. El amo y el esclavo pueden convivir sin dificultades con sólo aceptar lugares distintos pero armoniosamente complementarios dentro del orden existente. Sin embargo obsérvese lo que sucede cuando “el mayordomo se considera pariente del amo”, es decir cuando el esclavo confunde el trato cordial del amo con igualdad social: “En ese momento al mayordomo le dan una patada y lo mandan a la choza a cortar y a cargar algodón. Porque una cosa es que la tía sea una reverenda estúpida que no la aguanta nadie y otra cosa es ¡que un esclavo mancille o le falte el respeto a un miembro de la clase dominante!”.

Muchas veces la patada del amo sirve para poner las cosas en su lugar, entonces todo vuelve a la “normalidad”, porque como sostiene Spilimbergo en el mismo trabajo “La moral de los esclavos consiste en decir que no hay confrontación posible con los poderosos, porque son poderosos…”. Para que esa moral funcione los intelectuales de las clases (y países) dominantes trabajan produciendo y difundiendo sistemáticamente las “ideas correctas” que habrán cumplido su objetivo si logran naturalizarse. Esto ocurre cuando nadie discute aquello que siempre fue de una determinada manera (desigualdad y opresión), como la ley de la gravedad.

Si embargo hay otros momentos en el desarrollo de las sociedades que son extraordinarios, porque la patada del amo actúa como el despertador de la conciencia (nacional y social), o de las ideas incorrectas según la cultura de los opresores. Es el momento en que surge la moral de la revolución como señala nuevamente Spilimbergo: “…la moral de la revolución consiste en saber que los poderosos serán derrotados, porque son opresores y porque se destruyen las condiciones de su propio poder, si actuamos en el sentido de la historia”. Desde luego este proceso se desarrolla con diferentes tiempos de maduración y profundidad según los sectores sociales que conformen el amplio espectro de oprimidos.

Desde la cultura alternativa una de las mejores muestras que nos dio el cine de cómo ese instante superior de la conciencia del esclavo no se decreta ni surge alegremente sino que se abre paso, no sin dificultades, a partir de los flujos y reflujos de la historia,, ha sido un estupendo filme de Gillo Pontecorvo (1919 – 2006) que Spilimbergo amaba, su título: “Queimada” (1969).

La Plata, 5 de septiembre de 2012

Video con la música de Queimada (de Ennio Morricone): http://www.youtube.com/watch?v=SYm6QXWl1cI&feature=related




(1) Malvinas y la Liberación Nacional, por Jorge Enea Spilimbergo. Conferencia dictada en 1984, publicada en “Política”, página 159, número 12, año 2012. En Internet:
http://patriaypueblo-izquierdanacional.blogspot.com.ar/2009/08/malvinas-y-la-liberacion-nacional-je.html

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MensajePublicado: Jue Sep 20, 2012 3:18 pm    Título del mensaje: Responder citando



CUADERNO DE LA IZQUIERDA NACIONAL

DIRECCIÓN: ALBERTO J. FRANZOIA

EDITA: RAÚL ISMAN

AÑO 1 - 2012




CUADERNO Nº 4 – SEPTIEMBRE 19 DE 2012


Para ingresar al Cuaderno Nº 4:
http://www.redaccionpopular.com/articulo/cuaderno-de-la-izquierda-nacional-no-4





1. Largo lamento por el fin de las ideologías no consumado. Por Alberto J. Franzoia

“Partiendo entonces de una pregunta con respuesta más anunciada que la crónica de una muerte de García Márquez, el doctor Estrella intenta abordar, aunque con escaso rigor, el excelente libro que Galasso ha producido sobre Borges. Se conforma con decirnos que la idea central que recorre el trabajo acerca de la existencia de dos Borges (uno nacional y vinculado a los sectores populares en su juventud, y otro captado por la ideología de la clase dominante en la madurez), así como el énfasis puesto en la responsabilidad de la superestructura cultural de Argentina a la hora de concretarse la claudicación del escritor, son planteos ideológicos. De ahí en más creer o reventar, ya que el artículo es un páramo en materia de conocimientos para la justificación de lo que sostiene”.



2. Ayuda Memoria. Por Juan Carlos Jara

“Esteban Rey (1915-2003), un ensayista y político tucumano, lamentablemente olvidado, hombre de la Izquierda Nacional primero y del peronismo más tarde, transcribe en su libro “Frigerio y la traición de la burguesía industrial” (1959), los compromisos suscriptos entre el gobierno argentino y el Fondo, sostenidos por éste para imponer su política. Leerlos es un buen ayuda memoria para tener presente que hasta 2003 y salvo muy escasos y breves lapsos de excepción, esta fue la política económica aplicada por los diversos gobiernos que padecimos durante casi medio siglo. Por otra parte, demuestra que, pese al tiempo transcurrido, las recetas del Fondo siguen siendo exactamente las mismas. Y si no que lo digan los pueblos de España, Grecia y “ainda mais” que hoy las sufren en carne propia”.




3. Fragmentos de “Del televisor a la cacerola… y de la cacerola al televisor” de Norberto Galasso. Digitalizados y publicados en exclusividad en Internet por Cuaderno de la Izquierda Nacional

Nota de Redacción: “Inocencio Esquilmao es un personaje de ficción (pero con características psico-sociales perfectamente identificables en la realidad Argentina) que creó Norberto Galasso para recorrer las páginas de su libro “Del televisor a la cacerola… y de la cacerola al televisor”. Con una fuerte impronta de Mordisquito del gran Discépolo, azonzado por muchas de las zonceras que magistralmente expuso Don Arturo Jauretche, Inocencio hace honor a su nombre y apellido en cada diálogo sostenido con Galasso. Es inocente en su percepción de la realidad tanto como en sus argumentaciones para explicarla, y de una u otra manera ha sido esquilmado por el liberalismo oligárquico y proimperialista que supimos padecer…

A partir del cuarto número de Cuaderno de la Izquierda Nacional, y con la manifiesta autorización de Norberto Galasso, presentaremos en lo sucesivo algunos fragmentos inéditos en Internet del libro en el que Inocencio Esquilmao dialoga con el autor. Consideramos que han de resultar de gran utilidad para el desarrollo de una conciencia nacional, popular y revolucionaria en oposición a la falsa conciencia del personaje”.



4. Desnazificación. Por Víctor Almagro (o Jorge Abelardo Ramos)
“Gustavo Krupp integró la lista de los magnates de la industria pesada que contribuyeron a la carrera política de Hitler.
Su visión fue recompensada por el dictador triunfante. En 1940 las fábricas Krupp eran reconocidas como empresas modelo del régimen nacional-socialista. Pero cuando el imperio de 1.000 años prometido por Hitler, al mundo se deshizo como un castillo de arena, la familia Krupp fué "desnazificada". Esta purificación ética-política corrió a cargo de los arcángeles aliados. Por curiosa coincidencia, el fin de la guerra se combinó con el principio de esta paz glacial que hoy gozamos y Alfred Krupp no había terminado de comparecer ante sus jueces cuando ya recibía fabulosas indemnizaciones por la "descentralización" de sus fábricas. El monto de estas indemnizaciones ha irritado a la prensa inglesa, campeona de la mesura cuando no están en juego sus intereses”.



5. Video: “El Necio”. Interpreta Silvio Rodríguez



Ahora Cuaderno de la Izquierda Nacional se publica en la revista digital Redacción Popular. Para ingresar directamente ir a: http://www.redaccionpopular.com/secciones/cuadernos-de-la-izquierda-nacional


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MensajePublicado: Vie Sep 21, 2012 7:55 pm    Título del mensaje: Responder citando

Editorial de Cuaderno de la Izquierda Nacional nº 4



Largo lamento por el fin de las ideologías no consumado
Por Alberto J. Franzoia


El doctor en Filosofía y ex docente de la Universidad de Chile Jorge Estrella ha publicado recientemente en La Gaceta (1) un comentario sobre el libro de Norberto Galasso “Jorge Luis Borges. Un intelectual en el laberinto semicolonial” (2012). Lo primero que cabe sostener es que el título de su artículo resulta retórico ya que formula una pregunta (¿El fin de las ideologías?) cuya respuesta no surge de un proceso de investigación, sino que el autor (al igual que muchos de nosotros y desde hace largos años) la conoce de antemano. Tanto es así que se encarga de ponerla de manifiesto desde las primeras consideraciones que realiza sobre el tema: “Estoy en pleno desacuerdo con esas afirmaciones. Basta ingresar a cualquier universidad latinoamericana o europea; a cualquier librería; o sostener la más simple conversación con quienquiera, para advertir lo contrario”. El fin de las ideologías nunca existió, es decir, la certeza que tenemos desde mucho antes de leerlo a Estrella, hubiese sido el título más adecuado para su artículo.

Ahora bien, el interrogante que actúa a modo de disparador para el ulterior desarrollo argumental es un concepto que tuvo días de gloria (no justificada), ya que como se recordará surgió a partir de la muy difundida publicación acerca de “El fin de la historia” (entre fines de los ochenta y principios de los noventa, primero como artículo y luego como libro) del politólogo estadounidense de origen japonés Francis Fukuyama. Allí lo que en realidad se nos informaba era que la historia como escenario de conflictos había finalizado, en tanto las ideologías entendidas como territorio de disputa cultural (en el sentido más amplio del término) habrían muerto. Amanecía entonces un nuevo mundo con el triunfo absoluto (de aquí a “la eternidad”) de una de las ideologías contrincantes: la neoliberal. En los años aludidos no pocos políticos compraron el buzón, entre los cuales estaba el impresentable Carlos Menem junto a un ejército de desmemoriados, azonzados y oportunistas que lo acompañaron durante su gestión presidencial.

Partiendo entonces de una pregunta con respuesta más anunciada que la crónica de una muerte de García Márquez, el doctor Estrella intenta abordar, aunque con escaso rigor, el excelente libro que Galasso ha producido sobre Borges. Se conforma con decirnos que la idea central que recorre el trabajo acerca de la existencia de dos Borges (uno nacional y vinculado a los sectores populares en su juventud, y otro captado por la ideología de la clase dominante en la madurez), así como el énfasis puesto en la responsabilidad de la superestructura cultural de Argentina a la hora de concretarse la claudicación del escritor, son planteos ideológicos. De ahí en más creer o reventar, ya que el artículo es un páramo en materia de conocimientos para la justificación de lo que sostiene

En realidad Estrella se esfuerza por ridiculizar la argumentación exhaustiva y muy bien documentada que Galasso utiliza para volver plausible su estudio, recurriendo a citarlo en forma incompleta, sin un desarrollo argumental sólido y mucho menos con datos concretos (ya que una frase aislada nunca constituye un dato), por lo que su artículo no sirve para demostrar absolutamente nada como no sea la clara intencionalidad de descalificar al historiador. Eso queda en evidencia cuando recurre a afirmaciones duras que ilustra con una cita cortada y acomodada al objetivo descalificador como ocurre en este caso: “Es decir que maravillas de la literatura universal, no sólo criolla, como las contenidas en Historia de la eternidad (1935), Ficciones (1944), El aleph (1949), Otras inquisiciones (1952), El informe de Brodie (1970) o El oro de los tigres (1972), por ejemplo, entre otros más, serían no otra cosa que "cultura oficial…adornada con toda clase de metáforas y exquisiteces importadas de los países imperiales… dirigida a ocultar la realidad del vasallaje".

Galasso jamás intenta demostrar semejante estupidez. El autor del artículo que comento parece que subestima tanto a Galasso como a los lectores del medio donde publica. Recurrir a alguna frase solitaria (y a veces cortada), sacada de un contexto teórico amplio y profundo como el que construye Galasso, pretendiendo desde allí validar juicios categóricos como lo hace Estrella, resulta muy poco serio. Precisamente uno de los grandes méritos que tiene el trabajo del Galasso consiste en no tirar por la borda toda la creación literaria de Borges por cuestiones ideológicas, a la usanza de cierto nacionalismo de escaso rigor analítico. Es cierto que para Galasso el mejor Borges, el que rescatamos para una cultura nacional y popular, es el de juventud; ése que logró expresar emociones populares y un color local que luego fueron dejados de lado por el intelectual cuando se perdió en el laberinto semicolonial. Mientras que el segundo Borges se dedicó básicamente a tecnicismos del lenguaje y a construir metáforas exóticas para distraer a su público, ocultando el vasallaje al que éramos sometidos los argentinos, y en primer lugar sus intelectuales más consagrados. Pero Galasso jamás afirma que el escritor sea sólo eso; reconoce la calidad de su tecnicismo y de sus construcciones literarias, tanto que lo considera excelente en lo suyo. Un verdadero orfebre, que no puede ser reemplazado por cualquier intelectual mediocre cuyo único mérito sea tener una visión afín a los intereses de la oligarquía y el capital imperialista.

Lo que Galasso le cuestiona (cuestionamos) a Borges es que sus construcciones metafóricas y exóticas (tanto como el juego de citas falsas a las que fue muy afecto) apuntan a la evasión de la realidad de un pueblo y una patria sojuzgados, para cumplir con los fines perseguidos por la superestructura de las clases dominantes (de adentro y de afuera); las mismas que lograron captarlo hacia mediados de los años treinta llevándolo a renegar de su honroso pasado como escritor nacional que incluyó, entre otros méritos reconocibles en varios trabajos abordados por Galasso, el haber aceptado ser el prologuista de la primera edición (1934) del poema gauchesco de Arturo Jauretche “Paso de los libres”.

El estudio de Galasso no pretende presentarse como neutral, lo cual le otorga una mayor objetividad, toda vez que (a diferencia de diversos “ascéticos” como Estrella) alerta al lector desde dónde está abordando la abundante información que utiliza sobre su objeto de estudio. Por otro lado considera toda la obra de Borges, obviando un criterio de selección (subjetivo) que tenga en cuenta sólo aquellos escritos que abonarían con mayor facilidad su tesis. De ese estudio totalizador surge la presencia de un Borges complejo, con dos períodos claramente antagónicos. Antagonismo que se gesta en el correlato entre el escritor con su obra y el medio en que la concibe (dominado por la superestructura cultural oligárquica). Texto y contexto en un intrincado vínculo dialéctico, pero en el que Borges termina sucumbiendo ante la cultura dominante. Cada afirmación de Galasso a la hora de considerar a Borges como literato está avalada por exhaustivas citas, abundante bibliografía y varios estudios específicos sobre la cuestión considerada. Todo eso en su conjunto le otorga al estudio un rigor del que carece el mediocre artículo escrito por Estrella a modo de crítica.

Lo que ocurre es que el articulista en realidad está cuestionando otra cosa, aunque tenga serias dificultades para reconocerlo. Me refiero a que la falta de neutralidad de Galasso (explicitada como corresponde en todo trabajo serio con aspiraciones de objetividad significativa) transita por una ideología absolutamente contraria a la suya, esa que nunca blanquea pero que aún así es exudada en varias frases. La que sigue es muy reveladora al respecto: “El autor de este libro sobre Borges es un fiel reflejo de esa cultura dominante, que sigue hablando de "superestructura cultural", de "infraestructura", de "lucha de clases", de "dialéctica histórica", de "imperialismo", sin tener en cuenta que el más poderoso del imperialismo del siglo XX se derrumbaba a partir de 1989. Pero la chatarra intelectual que lo apoyó conserva intacta su vigencia”.

Estrella nos dice (sin decirlo) tanto al iniciar su artículo como al finalizarlo que, lejos de cuestionar a través del titulo el carácter poco riguroso del libro de Fukuyama (ya que “El fin de la historia” fue, es y será un verdadero mamarracho) lo que lamenta profundamente es que el fin de las ideologías, o el triunfo definitivo del neoliberalismo anunciado por el japonés, no haya sido validado por la historia concreta de la humanidad. Por eso afirma: …”el poder dominante en los ámbitos intelectuales es esa mixtura de marxismo, fascismo y nacionalismo (que denomino tomismo-leninismo). Tan cuidadosos cuando otorgan los premios en ciencia, los jurados del Nobel se tornan súbitamente permeados por la ideología dominante cuando deben elegir los premios de literatura y de la paz”.

Más claro imposible, Galasso y todos los que seguimos la porfiada idea de abordar la historia desde una visión no sólo nacional y popular sino también profundamente revolucionaria (lo cual nada tiene que ver con el fascismo), somos los responsables del largo lamento de este doctor en filosofía. Claro que sólo “olvida” citar precisamente a la ideología que durante décadas ha orientado y oprimido a buena parte del mundo, la misma que él profesa aunque no lo explicite: la ideología neoliberal.

La Plata, 19 de septiembre de 2012




(1) Para comprobar lo que sostengo el lector no debe conformarse con las pocas frases que he tomado como muestra sino que es aconsejable leer todo el artículo de Jorge Estrella, publicado el 2 de septiembre de 2012 en La Gaceta Literaria:
http://www.lagaceta.com.ar/nota/508619/la-gaceta-literaria/fin--ideologias.html

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MensajePublicado: Jue Oct 04, 2012 7:15 pm    Título del mensaje: Responder citando

EDITORIAL DE CUADERNO DE LA IZQUIERDA NACIONAL Nº 5
PUBLICACIÓN DE LA REVISTA DIGITAL REDACCIÓN POPULAR





Capas medias: territorio de compleja disputa ideológica

Por Alberto J. Franzoia


Cuando los conceptos utilizados para abordar la realidad social y hacer política son de un rigor escuálido se desemboca inexorablemente en abordajes ambiguos y en acciones políticas equivocadas. En un artículo anterior decía que el fin de las ideologías proclamado conceptualmente por los voceros de las clases dominantes, se expresó y difundió sobre todo en un libro de Francis Fukuyama que por su pobreza teórica y debilidad empírica constituía un verdadero mamarracho. Ignorar esta sencilla cuestión llevó a muchos azonzados por la ideología dominante, que compraron aquella absurda visión de la historia, a experimentar una enorme sorpresa cuando, intempestivamente, brotaron desde el subsuelo de varios lugares de la América Latina los reclamos de un conjunto de fuerzas sociales sojuzgadas por décadas. Ellas estaban sólo en un letargo transitorio, a la espera de conducciones políticas que fueran capaces de enarbolar banderas arriadas en tiempos de derrota, pero nunca en forma definitiva porque expresan los intereses profundos de las mayorías populares. Subestimar esta cuestión resultó (afortunadamente) fatal para la continuidad del modelo de las clases dominantes.

Sin embargo esas clases no han sido vencidas, sus intereses concretos siguen en pie porque en pie está la propiedad de buena parte de sus bienes materiales, sean estos agrarios, industriales, comerciales o financieros. Ahora son más controladas por el Estado nacional en aquellos países de la Patria Grande, fundamentalmente de Suramérica, en los que las conducciones políticas populares que accedieron democráticamente al poder, esgrimen aquellas banderas que en tiempos cercanos no resultaban visibles. En esos lugares las reglas del juego han sido modificadas a favor de los sectores postergados, en algunos casos de manera mucho más notoria que en otros. Pero como las clases dominantes, aún controladas y limitadas en el ejercicio de sus privilegios, siguen existiendo, resultaría suicida para las conducciones políticas nacional-populares desestimar su poder de contraofensiva. No menos equivocada sería la pretensión de incorporarlas a un proceso de desarrollo “para todos”, suponiendo que hay lugar para la armonización de los intereses de las minorías opresoras con los de las mayorías históricamente oprimidas.

No nos engañemos, las condiciones objetivas para el conflicto siguen en pie, y no hay gobierno que pueda soslayarlas si es que se busca profundizar los procesos transformadores iniciados en este siglo XXI. Quienes tienen más conciencia de esta cuestión son las clases dominantes. Por esta razón desarrollarán nuevas tácticas que resulten funcionales a la estrategia permanente de dominar al conjunto de la sociedad, obteniendo para sí beneficios materiales surgidos del trabajo de los otros. Esto último es aplicable no sólo a la relación entre clases sino también entre países (opresores y oprimidos).

En Argentina las nuevas tácticas están orientadas a fogonear un clima de descontento contra el gobierno de Cristina Fernández a partir de múltiples demandas insatisfechas de las capas o sectores medios. El cacerolazo del 13 de septiembre fue muy significativo al respecto, ya que más allá de la peligrosa tendencia a la simplificación conceptual existente en algunos intelectuales cercanos al poder, se expresaron demandas muy diversas. Desde planteos golpistas de sujetos que llegan a desconocer la legitimidad del mandato de Cristina poniendo en duda la limpieza de los comicios de 2011, hasta quienes votaron por ella y piden la resolución de cuestiones muy atendibles. Esto fue captado por diversos medios, algunos de los cuales no integran el oligopolio Clarín, y otros directamente afines con el gobierno.

Suponer que los movilizados son todos nostálgicos de la dictadura cívico-militar, desestabilizadores a sabiendas, gorilas recalcitrantes, neoliberales irrecuperables, es un error que puede acarrear durísimas consecuencias. Sí es cierto que detrás de las múltiples demandas hay unos pocos titiriteros que serán los verdaderos beneficiarios del mar revuelto: la oligarquía nativa y su socio mayor la burguesía imperialista multinacional. Pero confundir a todos los títeres con quienes (sin que muchos lo sepan) dirigen sus movimientos, es un error que proviene de la endeble formación ideológica y política de no pocos intelectuales oficialistas. En 2008 algunos funcionarios de primer orden, hoy (ya fuera del gobierno) devenidos en críticos y hasta opositores, creyeron que existía un sujeto social (indivisible) llamado “campo”, así nos fue entonces. Uno de los errores conceptuales más frecuentes en que incurren estos intelectuales es su deficiente abordaje de las clases sociales reales que actúan en nuestra sociedad, sus prácticas históricas y actuales, sus alianzas y conflictos, sus posibilidades a futuro. Dentro de ese discurso raquítico adquiere enorme significación el abordaje erróneo de la llamada “clase media”.

Esta mal llamada “clase” en realidad no lo es ya que incluye un enorme conglomerado de sectores sociales con inserción muy diversa en la sociedad. Va desde los que ocupan un lugar intermedio entre las clases propietarias y los trabajadores manuales en la estructura económica (como por ejemplo arrendatarios, supervisores, técnicos, ingenieros y gerentes), hasta aquellos que se desempeñan como docentes, funcionarios públicos, políticos o jueces en la superestructura. Y si vamos un poco más lejos hay analistas que incluyen en esos sectores o capas medias a la pequeña burguesía (a veces confundiendo ambos conceptos), constituida por pequeños propietarios de tierras, comercios, servicios varios y talleres. Desde mi perspectiva esto último constituye otro error, ya que la pequeña burguesía sí es un clase social (propietaria de pequeños medios que ella misma trabaja), diferenciada de las capas medias por su inserción siempre muy concreta en la economía. Si bien podemos sostener que la pequeña burguesía se ubica, desde una perspectiva espacial, también en un nivel intermedio entre grandes propietarios y trabajadores, eso no significa que por su perfil económico (y más allá de algunas coincidencias ideológicas) pertenezcan a las capas medias. Sus demandas más específicas, consecuentes con su condición de pequeños propietarios, suelen ser distintas.

Semejante diversidad conduce a su vez a una jerarquización interna, sobre todo por ingresos, que vuelve necesaria la subdivisión en sectores medios-altos, medios-medios y medios-bajos. Pero además, como Argentina es un país que aún lucha por transformarse (con el conjunto de los pueblos de la Patria Grande) en una Nación, es pertinente señalar que en distintos períodos de nuestra historia se ha producido una integración, menor o mayor de las heterogéneas capas medias, tanto al bloque de las fuerzas oligárquico-imperialistas como al bloque nacional-popular. La historia (que incluye la que se está forjando en el presente) no puede ser abordada por lo tanto como una fotografía, sobre todo cuando a partir de su comprensión se intente hacer política. Las capas medias han sido y son muy complejas, no sólo por su inserción sino también por su percepción de la realidad. Tanto que el peronismo cayó en 1955 por el apoyo consciente e inconsciente que buena parte de ellas le brindó a la reacción oligárquica, pero volvió al poder en 1973 con la enorme participación de sectores nacionalizados que ya en 1969 habían sido protagonistas (junto a los obreros) del recordado Cordobazo. Si vamos a tiempos mas cercanos, es verdad que un sector se movilizó junto a la Sociedad Rural para enfrentar al gobierno de Cristina durante 2008, cuando se debatía en el Congreso la resolución 125, pero no es menos cierto que también las capas medias (con miembros recientemente incorporados al campo nacional) respaldaron la promulgación de la nueva ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales durante 2009.

Ahora bien, por sus intereses objetivos surgidos de la inserción que tienen en la estructura económica y en la superestructura política, jurídica e ideológica de nuestra sociedad, la gran mayoría (sector medio-bajo y medio-medio) debe (y puede) ser integrado en el bloque nacional-popular, el único capaz de responder a sus demandas más concretas. Sin embargo, entre los intereses de estos sectores y el desarrollo de su conciencia posible, se ha interpuesto a lo largo de nuestra historia el fabuloso aparato ideológico (constructor de falsas conciencias) que manejan hasta la fecha la oligarquía y el capital imperialista junto a sus intelectuales orgánicos (miembros en su gran mayoría, también ellos, de las capas medias altas y medias). No será sencillo revertir en profundidad y en poco tiempo esta compleja realidad. Enorme equivocación supone entonces creer que unas cuantas movilizaciones, algunos medios afines a nuestra prédica y un alto porcentaje de votos en una elección se corresponden con la conquista de la conducción intelectual y moral de la sociedad, o sea con la hegemonía. Este error es el que lleva a planteos tan ingenuos como suponer que en cuestión de días el kirchnerismo perdió la hegemonía y por lo tanto hay que trabajar para recuperarla.

No se puede perder lo que nunca se tuvo; la conducción cultural de una sociedad que durante buena parte de su historia fue sometida (económica e ideológicamente) por la oligarquía y el capital financiero internacional, requiere un proceso de construcción de años, a veces décadas. Suponer lo contrario es de una liviandad teórica llamativa. Nada nuevo descubro si afirmo que las ideas esenciales tardan mucho más en ser modificadas que las realidades materiales. A veces una sociedad ha experimentado profundos cambios en este sentido, sin embargo algunos grupos sociales pueden seguir instalados en un mundo de ideas que se corresponde con realidades ya inexistentes. Por lo tanto, dar la batalla cultural es un tema demasiado serio para que lo conduzcan quienes creen alegremente que la hegemonía se gana, se pierde y se recupera en cuestión de meses.

En relación a las capas medias lo primero que deberá contemplar un proceso político nacional y popular que se proponga profundizar el modelo, es que por su carácter heterogéneo y cambiante resultan muy pertinentes acciones culturales diferenciadas para dar respuestas satisfactorias a este colectivo. También es urgente despojarse de las simplificaciones políticas; tanto los prejuicios sobre los límites de las capas medias (“son todos gorilas”), como las expectativas desmedidas en relación a la rapidez en cuanto a los tiempos que demanda un cambio ideológico orgánico (“ya ganamos la batalla cultural”), son desaconsejables. La pequeña batalla cultural de corto plazo, sobre las cuestiones más inmediatas, debe continuar, pero es necesario incorporar otra mucho más profunda en sus alcances. Una de largo plazo, que tiene que ver con visiones de mundo (esas que desarrollan sólo las clases sociales fundamentales), y que requiere para su puesta en marcha de una intelectualidad de sólida formación nacional-popular, acostumbrada a una labor que por su densidad filosófica no puede ser practicada por improvisados. El trabajo sólo de superficie, en ocasiones realizado por verdaderos arribistas, y con mucha frecuencia por adherentes a variantes ideológicas de la socialdemocracia o mitristas camuflados, con toda la liviandad teórica y práctica que eso supone, es un error que conduce a reiterar derrotas ya experimentadas por las fuerzas populares.

Más allá de estas debilidades que considero prioritario reconocer para evitar futuras sorpresas, aún estamos en condiciones de solucionarlas en tanto la prepotencia y el sectarismo sean superados por la grandeza política. Esa que se necesita para incorporar a todos los intelectuales del bloque nacional-popular que estén en condiciones, por formación, constancia y experiencia militante, de dar batalla en múltiples frentes para la conquista cultural de sectores tan complejos como las capas medias. No son tiempos estos para reducir la tropa propia esgrimiendo el pretexto de una “pureza política” francamente peligrosa, entre otras cuestiones porque el kirchnerismo es un integrante mayoritario y necesario del actual frente nacional, pero de ninguna manera su componente único y suficiente. No entender este ABC de la política en todo país que lucha por su liberación, es abrirle la puerta a los fantasmas del pasado.

La Plata, 3 de octubre de 2012


Artículos de éste número:


1. Homero Manzi, mitrismo y ninguneo. Por Juan Carlos Jara
2. Fragmentos de Norberto Galasso, de su libro“Del televisor a la cacerola… y de la cacerola al televisor”. Capítulo 8: Inocencio, enemigo del racismo
3. Fragmento de “El peronismo polémico”. Por Blas Manuel Alberti
4. Video: Norberto Galasso presenta su último libro “La compañera Evita”



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MensajePublicado: Dom Oct 21, 2012 12:20 pm    Título del mensaje: Responder citando

EDITORIAL DE CUADERNO DE LA IZQUIERDA NACIONAL Nº 6
OCTUBRE 17 DE 2012






1. EL triunfo del dictador más democrático de América del Sur

Por Alberto J. Franzoia


Cuando el domingo 7 de octubre estaba en retirada para dar paso al día en que se conmemora en Argentina el aniversario del natalicio del General Perón, los medios de comunicación nos informaron (algunos a pesar de su clara intencionalidad desinformativa) acerca del categórico triunfo de Hugo Chávez en los comicios de Venezuela. En ese momento la diferencia sobre el candidato del bloque oligárquico-imperialista Capriles (quien lució atuendo progresista, según aconseja el último grito de la moda entre integrantes de la reacción latinoamericana), era de unos nueve puntos y medio. Sin embargo, en su discurso frente a la multitud triunfante Chávez adelantó que la diferencia podía estirarse a casi 11 puntos, y un par de días después comprobamos que incluso desbordó levemente lo anticipado por el líder. Las cifras finales indican que sobre un total de 15.010.584 de votos: Hugo Chávez cosechó 8.136.964, que representan el 55, 25%; mientras Henrique Capriles Radonski con 6.499.575 obtuvo el 44,13%; la diferencia es por lo tanto de 11, 12 puntos.

Poco tiempo antes de conocerse los resultados, un vendedor de humo profesional como el cada día más patético Jorge Lanata, preparaba los detalles finales de lo que sería un programa especial de Canal 13 dedicado al triunfo de Capriles o, si había una ventaja mínima para Chávez, a la denuncia de un “fraude escandaloso”. Bien al estilo Lanata: mucho show, sobre todo en base a denuncias extraordinarias, mucho bombo a favor de los “menos poderosos” (como para reírse a carcajadas) y poca información confiable. Sin embargo, el bufón de Clarín no pudo ocultar su rostro de frustración. Nada de eso resultó posible porque la diferencia a favor de Chávez era abrumadora, con lo que el programa soñado terminó abruptamente. No se podía hacer porque los invitados, que con su acostumbrada profesionalidad había convocado Don Jorge, eran opositores venezolanos y argentinos; como corresponde, claro está, a todo programa armado por un “prestigioso periodista independiente”.

Este nuevo triunfo de Chávez, el cuarto consecutivo (desde 1998) en su pelea por el ejercicio de la presidencia de la República Bolivariana, deja nuevas enseñanzas y confirma viejas sospechas:

1. Cuando se gobierna desde el pueblo y para el pueblo el poder no desgasta, o por lo menos no tanto como para que los enemigos de políticas populares se hagan del poder por vías democráticas. Por eso Hugo Chávez inicia el camino hacia sus 20 años de gestión. Y está muy bien que así sea gracias a un nuevo voto de confianza de su pueblo, ya que carece de toda lógica, que no pueda participar del acto eleccionario aquel candidato que los sectores populares consideran el más apto para mejorar sustancialmente sus condiciones de vida.
2. Este hombre enorme, que libró una doble batalla (por retener el poder para gobernar a favor de los intereses mayoritarios y por desafiar al cáncer) es, según la ideología que domina en el mundo capitalista, “un dictador”. Pero resulta que es el único dictador que se cansa de ganar elecciones, y generalmente con muchos puntos de diferencia sobre sus adversarios, en comicios absolutamente transparentes. ¡Vaya dictador!
3. Si alguna duda cabía con respecto a dicha transparencia esta vez hubo más de 10.000 periodistas acreditados de todo el planeta (más los nacionales) y representantes de fuerzas políticas hostiles de varios países (incluida la impresentable delegación de opositores argentinos con personajes como Patricia Bullrich, Federico Pinedo o Eduardo Amadeo, que no tenían la menor idea de lo que allí pasaba). Pero además, se realizaron con un sistema electrónico de votación que dio lugar a que, quien fuera presidente de EE.UU. en el período 1977-1981 y desde luego nada tiene que ver con el socialismo del siglo XXI, Jimmy Carter, manifestara: “El sistema electoral venezolano es el mejor del mundo”
4. Se puede vencer por muchos puntos de diferencia y aún así salir desde el primer día a conquistar voluntades conquistables, porque entre los votantes del vencido hay muchos que pueden ser votos propios en un futuro no muy lejano, si se procede con buena pedagogía y mucha sabiduría. Ese fue el sentido del discurso conciliador de Chávez, no con la oligarquía sino con sectores de las capas medias que aún votan por sus candidatos. Para tener en cuenta.
5. Este gran triunfo de las fuerzas bolivarianas de Venezuela representa un enorme espaldarazo para las conducciones populares de otros países de la Patria Grande, y es de esperar que sirva para profundizar los cambios necesarios en todos ellos.
6. Finalmente, sería bueno que aquellos argentinos que son chavistas en Venezuela y antikirchneristas en Argentina nos expliquen qué razones inconfesables llevarían a Chávez a compartir su triunfo con Cristina Fernández y las fuerzas que la respaldan en nuestro país. Como las décadas corren y sin embargo este tema del apoyo al cambio popular, pero sólo si transcurre lejos de las fronteras propias, resulta una reiterada tragicomedia, vale recordar una vieja pero hermosa anécdota: cuando un grupo de universitarios argentinos, muy militantes ellos (pero siempre de revoluciones lejanas), visitaron a Mao en China, éste les dijo para su sorpresa: “Así que son maoísta. Si yo viviera en Argentina sería peronista”.


Para cerrar estas breves observaciones en torno a tan curioso “dictador”, el más democrático de América del Sur (y otros rincones de la Tierra), quiero remarcar que este nuevo triunfo de la revolución bolivariana fue una verdadera fiesta para la democracia del pueblo, no sólo porque después de catorce años en el poder los sectores más populares vuelven a expresar su confianza en el líder, sino porque la diferencia de más de 11 puntos sobre Capriles se logró con la participación voluntaria (ya que el voto no es obligatorio) del 80, 67 % del electorado. Este dato nada menor, indica que no resulta acertado afirmar que la Venezuela de Chávez es producto sólo de las mejoras materiales alcanzadas por los pobres (lo cual no sería poca cosa), sino que, además, en medio de la liviandad posmoderna, éste es un país en el que confrontan dos visiones del mundo y la gente hace política. Una Venezuela bien distinta a la del Pacto del Punto Fijo (1), en la que se discute y se elige a quien realmente representa un cambio que, entre otras cosas, sirvió para politizar la vida de la mayoría de los venezolanos. Y esto escandaliza a los publicistas de sociedades falazmente armoniosas, que son aquellas donde siempre gobiernan las diversas caras que asumen los representantes del statu quo.

Desde ya falta un largo trecho para que los sectores populares alcancen condiciones óptimas de vida y con una continuidad garantizada en el largo plazo. Aún existe la oligarquía, aliada orgánica del imperialismo, por lo que el conflicto social antagónico no ha desaparecido. El enemigo sigue al acecho. Seguramente el artículo que recibimos desde Venezuela, enviado por nuestro compañero Fernando Bossi, ayudará a dilucidar, al menos teóricamente, esta espinosa cuestión que es común a varios países de la Patria Grande conducidos por frentes nacionales y populares.

La Plata, 17 de octubre de 2012


(1) El Pacto de Punto Fijo fue un acuerdo entre los partidos políticos venezolanos Acción Democrática (AD), Comité de Organización Política Electoral Independiente (Copei) y Unión Republicana Democrática (URD), firmado el 31 de octubre de 1958, pocos meses después del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez


Artículos de este número:

1. Algo más sobre Homero Manzi. Por Juan Carlos Jara
2. Cuestión nacional y lucha de clases en Venezuela (elecciones del 7 de Octubre). Por Fernando Bossi
3. Video: Discurso inédito de Perón (4 de septiembre de 1955). Enviado por Gustavo Gargiulo
4. Al 17 de octubre. Por Raúl Scalabrini Ortiz


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MensajePublicado: Jue Nov 01, 2012 3:18 pm    Título del mensaje: Responder citando

EDITORIAL DE CUADERNO DE LA IZQUIERDA NACIONAL Nº 7
OCTUBRE 31 de 2012


¿Ahora Clarín es nacional y popular?
Por Alberto J. Franzoia


Desde hace días se puede observar una publicidad del grupo Clarín que nos explica porqué han tenido un crecimiento tan espectacular. Por supuesto nunca se menciona la palabra oligopolio, ni la importancia que en otros tiempos tuvo el Estado para que conquistasen esa posición dominante en el mercado de la comunicación. Según parece, todo sería la lógica consecuencia de la excelencia del producto ofrecido (diario Clarín “tuvo la impertinencia de crecer”), que llevó a un sector importantísimo de nuestra población a elegirlos como diario, canal de televisión, radio, o servicio de Internet preferidos. Si al público dejara de agradarle el producto, la solución (nos dicen los publicistas de Clarín) sería tan sencilla como democrática: sólo bastaría que se deje de consumir aquello que el grupo ofrece a diario. Línea más línea menos es el ABC de toda concepción liberal ortodoxa basada en el pueril juego de oferta y demanda, negadora de los cambios que el capitalismo de libre competencia experimentó en su etapa oligopólica e imperialista. Etapa en la que la competencia entre pequeñas empresas ha sido reemplazada por un proceso de concentración del capital, que lleva a los pocos grupos que salieron fortalecidos, a ejercer un control absoluto del mercado con escaso o nulo margen para la libre elección del consumidor.

En principio nada nuevo se desprende de esa ideología anacrónica (que pretendió retomar con “aires renovadores” el neoliberalismo) expresada en la publicidad. Sin embargo, en cierto momento de la argumentación se lanza una sorprendente sentencia que rompe con la modorra de lo archiconocido: “Clarín es el diario más vendido, mejor dicho, el más comprado, eso lo hace nacional y popular”. Si el espectador está un tanto distraído o adormecido y registra sólo la última parte de esta frase puede inferir que se ha gestado un giro copernicano, una mutación ideológica impensable, otro ejemplo del frecuente realismo mágico latinoamericano. ¡Clarín es nacional y popular! Pero no, simplemente se trata de una curiosa libre interpretación (manipulación) de los conceptos. Con lo cual venimos a enterarnos que lo nacional y popular es todo producto (mercancía) que tiene presencia a lo largo y ancho del mercado nacional y que, dentro del mismo, logra cosechar una muy buena cantidad de consumidores. Claro que si aplicamos a rajatabla esta nueva definición del concepto nos podemos llevar una sorpresa fáctica, como tener que admitir entonces que una de las expresiones más nacionales conocidas es la muy trasnacional Coca Cola, que como se sabe tiene sus casa matriz en el norte de América; nacional sí, pero de EE.UU.

No voy a entrar en detalles en estas líneas acerca de cómo opera el mercado capitalista en su etapa oligopólica; si es pertinente señalar la inescrupulosa utilización de un concepto caro a la sensibilidad política de los sectores populares, con el único objetivo de llevar agua para el molino de los grupos del privilegio. Desde esta versión mercantilista, y partiendo de su fuerte presencia en el mercado, Clarín pretende demostrarnos que poner límites a sus actividades oligopólicas es atacar aquello que es nacional y popular, con lo que intenta invertir la carga de la prueba. Es decir, el actual Estado dirigido por el kirchnerismo, no estaría poniéndole límites a un grupo que conspira contra las posibilidades de acción de otros grupos dedicados al mismo rubro, y de elección al vasto colectivo de consumidores de información, comunicación y entretenimiento. Lo que estaría haciendo, si se hace cumplir la ley sancionada por el Congreso de la Nación cuando el oficialismo no tenía mayoría, es atentar contra los intereses del pueblo, que lo ha elegido como el preferido dentro de todo el territorio argentino. Un gobierno que dice ser nacional y popular estaría orquestando pues una enorme farsa, ya que en la práctica atenta contra aquello que dice defender: lo nacional y popular.

Pero ocurre que esta libre interpretación (manipulación) de los conceptos integra la nueva indumentaria que viste por estos días la reacción en América Latina. Ante el avance de procesos transformadores en varios países de la región, la misma pretende ponerles freno mediante la captación de sectores del pueblo con un discurso disfrazado de popular. En Venezuela Capriles intentó derrotar al invencible Hugo Chávez recurriendo a un lenguaje progre para conquistar votos chavistas. Supuestamente nada de lo ya conseguido por los sectores populares se perdería, pero el candidato de la oligarquía venezolana decía ir por más y con verdadera “vocación democracia”. Clarín sostiene, por su parte, que ellos no son un oligopolio que cercena libertades populares con su discurso único difundido en cadena nacional por diario, revista, televisión y radio; nada de eso, lo que nos dice es que si ellos están tan presentes es porque la gente los eligió. Y si un Estado, ahora perverso porque ya no responde a sus intereses empresariales, le pone límites, entonces es porque ese Estado está contra la mayoría. Por lo que no sería tan nacional y popular como dice ser.

La publicidad considerada se cierra con una frase que representa el corolario de un inverosímil discurso: “Grupo Clarín. Independiente del gobierno. No de vos”. Supuestamente Clarín no es independiente de los intereses del pueblo, por eso es independiente del gobierno, que según su visión no lo representaría. En realidad conceptos que históricamente han estado vinculados a la cultura del campo nacional y popular, son manipulados de tal manera en esta publicidad, que se los vacía de contenido con el único fin de perpetuar intereses de clase mediante el engaño a la opinión pública. Más allá de la confusión conceptual que el grupo Clarín intenta instalar es necesario poner énfasis en lo siguiente: Clarín no es nacional y popular en ningún plano. No lo es en el plano ideológico, pero ni siquiera lo es en el estrictamente mercantil.

En el ideológico porque expresa intereses ajenos a la Nación y a su pueblo, toda vez que ha sido cómplice por convicción y beneficiario de facto de políticas estatales neoliberales (afines a su propia visión) entre los años 1976 y 2003. Los momentos claves en los cuales se fue convirtiendo en grupo oligopólico fueron la dictadura cívico militar que le dio la posibilidad de acceder al control de Papel Prensa (junto con La Nación y La Razón ), y el menemismo que le facilitó el acceso a la propiedad de canales de televisión y radios (como Canal 13 y radio Mitre). Si bien Néstor Kirchner tuvo inicialmente una relación condescendiente con Clarín, al punto de permitirle la compra de la empresa de televisión por cable Cablevisión, y luego su fusión con Multicanal, más tarde se produjeron diferencias (a partir del conflicto agrario en 2008) que llevaron al grupo a presentarse como “independiente del gobierno”. La razón radica en que el gobierno kirchnerista, más allá de su error inicial, tomó a posteriori la decisión de limitar sus actividades para que otros tengan mayores posibilidades de competir y para que los consumidores, que Clarín dice defender, tengan la posibilidad de elegir con mayor libertad qué cosas quieren ver y escuchar.

Como se sabe, La Ley 26.522 de Servicios de Comunicación Audiovisual enviada por Cristina Fernández al Congreso (que la sancionó con modificaciones el 10 de octubre de 2009) y que entraría en plena vigencia el próximo 7 de diciembre, ha sido el detonante del conflicto. El grupo Clarín no es por lo tanto nacional y popular, porque ha operado y opera en contra de procesos populares (tanto en Argentina como en otros rincones de la Patria Grande ) con los que no comparte postulados ideológicos. Pero sí ha convivido en relaciones idílicas con las instancias políticas más oscuras para los intereses de la Nación , como consta en numerosos documentos de época. Entre los botones más notables de la muestra, está la foto del brindis de Ernestina Noble con el dictador Jorge Videla que presentamos en nuestra tapa. La misma fue tomada en ocasión de la entrega a la representante del grupo Clarín (junto con representantes de La Nación y La Razón ), por un precio irrisorio, de la planta de producción de papel para diarios que colocaría al grupo en carrera hacia su condición actual de oligopolio.

De lo dicho se desprende entonces, que ni siquiera en su acotada e interesada visión mercantil de lo nacional y popular Clarín es creíble, porque su posición dominante no es producto de la libre elección del pueblo, como pretende hacernos creer, sino de concesiones que obtuvo precisamente de esos gobiernos mencionados, de los cuales no fue independiente sino socio. Si algo se puede afirmar de este grupo económico, dedicado a gestar condiciones favorables para la conducción cultural oligárquica, es que ha tenido una lógica impecable pero en una dirección contraria a la que publicita. Siempre ha sido independiente sí, pero de los intereses de las mayorías populares; su complicidad u hostilidad con cada gobierno nacional ha dependido invariablemente de esa cuestión, ya que los intereses populares han sido visualizados por Clarín como contrarios a sus mezquinos intereses de clase privilegiada.

La Plata, 31 de octubre de 2012

Video: Publicidad de Clarín contra la Ley de Medios:
http://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=08RBccvmNEo


Artículos:

1. Mitre según Carriego. Por Juan Carlos Jara
2. Grecia, Argentina y las lecciones de la historia. Por Gustavo Battistoni
3. Fragmentos de “Del televisor a la cacerola… y de la cacerola al televisor” de Norberto Galasso. Capítulo XXV: ¿Una moral de clase…o qué clase de moral?
4. Video: Otro audio inédito en el que Perón explica el tratado Roca-Runciman. Investigación y envío de Gustavo Gargiulo

Para ingresar a nuestro número 7:
http://www.redaccionpopular.com/articulo/cuaderno-de-la-izquierda-nacional-no-7

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MensajePublicado: Jue Nov 15, 2012 5:25 pm    Título del mensaje: Responder citando

EDITORIAL DE CUADERNO DE LA IZQUIERDA NACIONAL Nº 8
PUBLICACIÓN DE LA REVISTA DIGITAL REDACCIÓN POPULAR




Yo lo recuerdo ahora…
(Nuestro homenaje a Favio)
Por Alberto J. Franzoia


“La soledad
es un amigo que no está
es tu palabra
que no ha de llegar igual
este es un sueño
con luces entorno a vos
y te das cuenta
que él ya nunca ha de morir
nunca ha de morir...”
(Tema de Almendra grabado por Favio)

Durante la primera época de nuestros Cuadernos en El Ortiba homenajeamos en vida, y en varias ocasiones, a Leonardo Favio. Reprodujimos entonces videos con fragmentos de su maravilloso cine, una entrevista que lo pintaba como un ser inteligente, cálido e irrepetible, y su interpretación de Estoy orgulloso de mi General, una canción homenaje al líder que marcó su vida desde niño. Ya en aquellos años de nuestra primera época venía dando dura batalla contra la enfermedad, hasta que el pasado 5 de noviembre, Fuad Jorge Jury (su verdadero nombre), o “Chiquito” como lo llamaban sus afectos más cercanos, dijo basta y se marchó, dejándonos uno de esos vacíos enormes que nadie más podrá llenar. No temía morir, sólo deseaba que fuera con dignidad, tal como había vivido. Pasemos entonces, durante esta segunda época de Cuaderno de la IN (ahora en Redacción Popular), a un homenaje distinto, de esos que aunque muy sentidos siempre son más frecuentes: aquellos que se le tributan a esos grandes artistas del pueblo cuando un día deciden irse de gira hacia la eternidad.

No daré rodeos para decir lo que pienso y siento: Leonardo Favio fue el más creativo y completo cineasta que dio la Patria, ese título no se lo quita nadie en mi agenda personal. Cabalgó entre el llamado cine de culto y el cine popular, expresando en ambos un talento inconmensurable. Tal como hacen los que de verdad son muy grandes nunca fue él quien se atribuyó semejante cualidad. Cuando lo avergonzaban con comentarios sobre las bondades de su arte, solo atinaba a definir al cine como “un acto de amor” y a él mismo como un amante de lo que hacía. Según su visión, cuando uno ama lo que hace no lo puede hacer mal. Versión más que modesta por lo que Favio en realidad significó para el cine argentino y latinoamericano, y quizás por lo que algún día representará para el cine mundial.

Su primera película fue el cortometraje El amigo (1960), aunque tenía otra inconclusa (El señor Fernández, 1958); luego vendrían, su opera prima en largometraje Crónica de un niño solo (1965), El romance del Aniceto y la Francisca (1967) y El dependiente (1969). Todas ellas incluidas en ese cine de culto que mencionaba anteriormente. En 1998, a partir de una encuesta realizada por la Revista Tres Puntos, su Romance del Aniceto y la Francisca fue elegida como la mejor película en la historia del cine argentino y Favio como el mejor director. En el 2000 el Museo Nacional del Cine Argentino hizo otra encuesta similar, obteniendo Crónica de un niño solo el primer lugar nada menos que con el 75% de los votos. Hoy la trilogía se sigue exhibiendo en copias muy mejoradas por nuevas técnicas a las que recurrió el propio autor de la obra.

En los setenta llegó el cine más popular de Favio con Juan Moreira (1973), Nazareno Cruz y el lobo (1975), y Soñar, Soñar (1976). Un dato interesante es que en todas ellas no recurrió a la apuesta fácil de convocar para protagonistas centrales a actores ya consagrados en el séptimo arte: Rodolfo Bebán fue Moreira, Juan José Camero el lobisón Nazareno, y en Soñar recurrió a ese enorme boxeador llamado Carlos Monzón y al cantante melódico Gian Franco Pagliaro. La cima más alta de la popularidad la alcanzó con Nazareno Cruz y el Lobo, cuya idea la había tomado del radioteatro de Juan Carlos Chiappe. Fue entonces cuando gestó un verdadero hito cinematográfico, ya que en un país en el que durante 1975 (cuando se estrena la película) no se llegaba a los veinticuatro millones de habitantes, convocó a más de tres millones de espectadores, convirtiéndose en la película más vista en la historia de nuestro cine.

Como cineasta admiró a Leopoldo “Babsy” Torre Nilson y en el plano internacional al gran maestro japonés Akira Kurosawa. Sin embargo en un principio su amigo Babsy no lo creyó capaz de ser el autor del guión para su opera prima Crónica de un niño solo. Según Favio eso se debía a que tenía fama de ser “un negrito burro”. Cuando le dieron la oportunidad demostró que era un “negrito” de insuperable talento.

Su eterna militancia política en el peronismo lo condujo al exilio durante la dictadura cívico-militar iniciada en 1976, abandonando entonces el cine para dedicarse sólo a cantar en otros países de la Patria Grande. Recién vuelve a filmar durante los noventa. Primero fue Gatica, el Mono (1993), luego un documental estupendo de seis horas de duración que tituló Perón, sinfonía de un sentimiento (1999). En ambas rindió inolvidable tributo a dos personajes amados por el pueblo argentino y, desde ya, por él que era un átomo inescindible del mismo. Culmina su labor cinematográfica entrado el siglo XXI con Aniceto (2008), bellísimo ballet basado en su Romance del Aniceto y la Francisca, y La buena gente, uno de los cortos dedicados al Bicentenario producidos por la Secretaría de Cultura de la Nación. Leonardo Favio fue productor de cine, y además el guionista de toda su obra trabajando casi siempre junto a su hermano Jorge Zuhair Jury.


Como cantante hizo su aparición pública hacia finales de los sesenta con un estilo personalísimo, definitivamente inconfundible. El debut se produjo en la Botica del Ángel del gordo Eduardo Bergara Leumann. En 1968 grabó su primer álbum, el recordado Fuiste mía un verano, y en 1969 Leonardo Favio, su segundo larga duración. Ya era un ídolo popular en nuestra tierra, pero la actuación a posteriori en el Festival de Viña del Mar (Chile) lo convierte en un referente de la canción latinoamericana. Si bien vuelve a su gran amor (el cine) en los primeros años del setenta, durante el tercer gobierno peronista, es indudable que el canto le ayudó a vivir durante el exilio tras el golpe de Estado del 76. No sólo grabó temas de su autoría sino que popularizó el Tema de Pototo o Para saber como es la soledad de Spinetta y Molinari (integrantes del inolvidable Almendra), Chiquillada de José Carbajal y disfrutó cantando los temas de su admirado Alfredo Zitarrosa.

Como actor no logró destacarse, había dado sus primeros pasos como extra en 1958, en una película del cineasta peruano Enrique Carreras titulada El Ángel de España. Pero es con Torre Nilson que se inicia durante ese mismo año como actor en El secuestrador, y sigue luego junto a él en Fin de Fiesta (1960) y La mano en la trampa (1961). También trabajó con Fernando Ayala en El jefe (1958) y en la película En la ardiente oscuridad con Daniel Tinayre (1959). Su éxito como cantante lo condujo, como se acostumbraba en aquella época, a actuar en dos películas de escaso mérito, Fuiste mía un verano (1969) y Simplemente una rosa (1971).

Decía el sociólogo Charles Wright Mills que para comprender lo social es necesario vincular siempre historia y biografía. Pues bien, mi propia vida estuvo marcada por algunos momentos en los que Favio puso su sello. Descubrí a muy temprana edad el mejor cine, fue en el viejo canal 7 cuando exhibieron por primera vez Crónica de un niño solo. Años más tarde incursioné como buen adolescente inconsciente en el canto, con preferencia en las imitaciones de aquellos que admiraba, y Favio fue, según los amigos, mi labor más lograda. ¡Perdón querido maestro! Finalmente, en 1973, cuando me movilicé junto al conjunto del pueblo argentino a Ezeiza para recibir al General Perón (presidencia de Héctor Cámpora), Favio conducía el acto y su canción (la que expresa su orgullo por el General) se escuchaba una y otra vez en medio del infernal tiroteo entre los dos bandos enfrentados. Jamás olvidaré ese día…

Algunos no le perdonaron su participación en aquella jornada que comenzó siendo una fiesta y terminó con un enorme dolor para la Patria. Sin embargo, su gran amigo Horacio Verbitsky, quien disiente con él en su visión del último Perón, escribió en su artículo de homenaje y despedida titulado Adiós Chiquito: “Para rendirse ante esa obra superlativa, como casi todo lo que filmó en su vida, no hace falta coincidir con todas sus ideas políticas, y de hecho no comparto su visión del último Perón y todo lo que vino con él. Tampoco me olvido de que hoy es fácil exponer esos desacuerdos, pero cuando estas cuestiones no eran parte de la filosofía y de la historia sino de la vida (y sobre todo de la muerte, omnipresente), el Chiquito salvó la vida de una docena de rehenes a quienes torturaban guardaespaldas descontrolados el día del regreso de Perón en 1973. Una cosa es la ideología y otra cosa la decencia”.


Leonardo Favio transitó sus primeros años de vida en la pobreza, pero jamás sobredimensionó su pasado y declaraba haberlo vivido con felicidad. Fue un enorme talento que emergió desde “el subsuelo de la patria sublevada”, según la estupenda expresión de Scalabrini Ortiz, para expresar la voz de los que con frecuencia no tienen voz. Se identificó plenamente con Perón y el peronismo, creyendo que desde el mismo se puede ver el país y el mundo de otra manera, más humana, más justa y solidaria. Dijo siempre lo que pensaba e hizo, cada vez que pudo, lo que dijo. Nunca aceptó un cargo oficial en ninguno de los gobiernos peronistas, pero construyó para el campo nacional y popular mucho más que no pocos funcionarios. Porque ayudó, vaya si lo hizo, a gestar una cultura realmente alternativa a la dominante, una cultura de los sectores populares. Y por sobre todo fue, retomando el juicio de su amigo, un hombre decente. El pueblo no lo olvidará, yo lo recuerdo ahora.
Fuad Jorge Jury (Leonardo Favio)
28 de mayo de 1938 - 5 de noviembre de 2012
La Plata, Noviembre 14 de 2012


Cuaderno nº 8 (noviembre 14 de 2012
1. El día que Ramos le dio la razón a Alfonsín. Por Juan Carlos Jara
2. Video: Perón a los 8N. Realizado por Gustavo Gargiulo
3. Editorial de Patria y Pueblo: Avanzar hacia atrás. Por Néstor Gorojovsky
4. Video: De la gesta de Artigas a San Martín. Documental producido por Norberto Galasso
Para ingresar al Cuaderno ir a:
http://www.redaccionpopular.com/articulo/cuaderno-de-la-izquierda-nacional-no-8

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MensajePublicado: Vie Nov 30, 2012 2:42 pm    Título del mensaje: Responder citando

EDITORIAL DE CUADERNO DE LA IZQUIERDA NACIONAL Nº 9

PUBLICACIÓN DE LA REVISTA DIGITAL REDACCIÓN POPULAR


Noviembre 28 de 2012







Unidad nacional: ¿entre quiénes y para qué?
Por Alberto J. Franzoia



Con demasiada frecuencia la intelectualidad orgánica de la oligarquía argentina difunde en el conjunto de nuestra sociedad una idea fuerza: los argentinos debemos unirnos sin diferencias de clases para recuperar la grandeza que supimos disfrutar en otros tiempos. A esta idea tan amplia va adosada otra que sostiene: los argentinos hemos perdido el rumbo desde que ciertos personajes “siniestros” dividieron a la nación en dos bandos ferozmente enfrentados. Surge así en el siglo veinte y con carácter excluyente la figura de Juan Domingo Perón. Si él no hubiese existido los argentinos nunca nos hubiéramos divididos entre peronista y antiperonistas, en consecuencia no hubiésemos perdido el bienestar que supimos disfrutar en los tiempos dorados de la armoniosa república. Ya que, según esta versión tan “naif” como fraudulenta de nuestra historia, ha sido dicha división la responsable de frustrar los grandes logros de “la Argentina granero del mundo” cuando, salvo excepciones como el más tibio interregno yrigoyenista, nadie osaba desafiar a los responsables de esa Argentina desbordante de vacas y mieses, economistas liberales, civilizadores afrancesados y presidentes políticamente correctos.

Aquella Argentina agroexportadora de la Belle Époque, conducida por la oligarquía (en glamorosa alianza con su socia mayor: la burguesía inglesa), que intentó recuperar su status mundial inclusive después de la gran crisis de los años treinta (previa firma del tratado Roca-Runciman), no hubiese ingresado en un persistente cono de sombra de no ser por ese hombre “siniestro” que se dedicó a sembrar el odio entre hermanos. Palabras más palabras menos, adecuando el discurso al contexto de nuestros días, se puede sustituir Perón-peronismo por los Kirchner-kirchnerismo, y ya tenemos rápido acceso a la comprensión de qué cosa es lo que se sostiene y discute cuando esta intelectualidad oligárquica, con tanto poder de penetración en las capas medias, pronuncia el concepto fetiche: “unidad nacional”.

Para las clases dominantes las divisiones sociales de una sociedad capitalista (que en nuestro caso ni siquiera es un capitalismo desarrollado) no son producto de la estructura económico-social profundamente injusta que ellas han gestado con entusiasmo digno de mejor causa, sino de personajes, movimientos y/o partidos “culpables” de comprender, criticar e intentar la transformación del statu quo. Y esto resulta inadmisible para esa gente tan inteligente que con mirada displicente observa a su sociedad desde un elevado pedestal. Para ellos, si todos inclináramos la cabeza y estuviésemos dispuestos a aceptar el carácter”natural” de las desigualdades semicoloniales, un país como la Argentina sería nuevamente un paraíso terrenal. Por eso no hay que llamarse a engaños, cuando semejante intelectualidad clama por la unidad, nos está convocando a la sumisión para que las cosas continúen como habitualmente han sido: fiesta para unos pocos y enormes sacrificios para la mayoría.

Sin embargo, cuando individuos, movimientos y/o partidos convocan a otro tipo de unidad, la unidad de las mayorías populares para modificar el mundo de la injusticia social y la dependencia, lo cual supone enfrentar a las minorías del privilegio, ellos los descalifican por su condición de supuestos promotores del odio entre clases y enemigos del bien común. Un ejemplo muy claro de lo dicho pudo observarse en 2008, durante el conflicto con ese colectivo artificialmente homogéneo conocido como “el campo”.

Detengámonos por un momento en dicho ejemplo ya que si bien no estamos en el 2008 la cuestión de fondo sigue presente. El campo en realidad no existe, lo que existe es un conjunto heterogéneo de clases y sectores sociales con diversos intereses (algunos objetivamente contrapuestos) que en el plano cultural son conducidos por una fracción de la clase dominante: la oligarquía agraria. Es decir, las ideas que esta clase se ha forjado acerca de sí misma y de “los otros” son las que gobiernan buena parte de las cabezas no pertenecientes a dicha clase. A eso se le denomina hegemonía. La oligarquía agraria se presenta entonces a través de su intelectualidad (teóricos, cientistas sociales, periodistas de renombre, profesores respetados, etc.), como expresión de la unidad de todo el campo y esencia misma de la Patria desde sus orígenes hasta la actualidad. Que otros grupos sociales del mundo agrario compuestos por medianos y pequeños productores puedan sentirse expresados en dicho discurso, mucho tiene que ver con la falta de desarrollo de una conciencia de sus verdaderos intereses, más algunos errores cometidos por el propio gobierno popular. Entonces, ese lugar es ocupado momentáneamente por las ideas que expresan los intereses de otra clase (la oligarquía) a la que no pertenecen ni pertenecerán jamás aunque ellos fantaseen con lo contrario. Tienen por lo tanto un comportamiento típico de “medio pelo”, viven un falso status.

Desde ya, a esta altura de la historia del capitalismo imperialista, la oligarquía actúa en el campo con viejos y nuevos comportamientos y asociada con el capital financiero internacional. Pero esa asociación es la que más descubre el carácter falso de la unidad promovida por esta fracción de la clase dominante argentina. Resulta difícil entender porqué los sectores más perjudicados del campo (trabajadores rurales en primer lugar y pequeños propietarios luego), deberían aliarse con corporaciones que invierten buena parte de sus beneficios económicos (obtenidos en nuestra tierra) en espacios distintos de donde los obtuvieron, cuando cualquier manual de economía nacional (no colonizada) enseña que sin reinversión, allí donde se gestó el beneficio, no hay desarrollo sostenido de ningún sector específico de la economía. Por otra parte, nada nuevo descubrimos si recordamos que la lógica de acumulación del capital de nuestra oligarquía se ha inscripto predominantemente en el circuito de la especulación. En definitiva, ni el capital imperialista (que exporta sus beneficios) ni la oligarquía especuladora podrán jamás favorecer el desarrollo interno porque responden a una lógica económica ajena a dicho objetivo.


Así como durante 2008 la oligarquía pretendía hacernos creer que la contradicción era entre todo el campo (símbolo del trabajo productivo y la Patria) y el oficialismo (emblema de la injusta confiscación de ingresos a los que realmente producen), hoy la contradicción más visible es presentada como un conflicto entre la libertad de prensa (cuyo adalid es el grupo Clarín) y un gobierno “dictatorial” que la atacaría sistemáticamente. Para esta visión de la historia cuyos únicos beneficiarios reales son clases y sectores minoritarios abonados al privilegio, unos son los elegidos que promueven la sana unidad de todos los argentinos para recuperar nuestra gloria perdida y otros son los réprobos que estimulan odios y violencia.

Sin embargo un abordaje lo más objetivo posible de nuestra historia demostraría, contrariando ciertas simplificaciones a las que suelen ser afectos sectores de las capas medias, que quienes dicen promover la unidad y la paz social son quienes en realidad han recurrido a la violencia para garantizar la realización plena de sus privilegios, contrarios desde ya a los intereses de los sectores populares. Los bombardeos a civiles indefensos en Plaza de Mayo en 1955, los fusilamientos de 1956 tras el golpe de Estado contra el gobierno democráticamente elegido de Perón, y la feroz dictadura que secuestró y asesinó ciudadanos entre 1976 y 1983, son ejemplos muy claros de un comportamiento que nada tiene que ver con la unidad nacional y la paz social que dicen defender. En todos esos casos hubo detrás de las armas asesinas un cerebro instigador perteneciente a la alianza entre nuestra oligarquía y la burguesía imperialista del Norte. Sus intelectuales dicen, sin embargo, que trabajan por la concordia.

La verdadera unidad que la Patria necesita es popular y es nacional, por lo tanto una forma distinta de percibir y proponer la unidad. Parte del supuesto explícito y fácilmente verificable de que la única alternativa para generar el desarrollo autosostenido y con justicia social en nuestra tierra, consiste en impulsar la unidad de las grandes mayorías dominadas, explotadas o directamente marginadas por una minoría que realiza sus intereses de clase aliándose con el capital financiero del mundo imperialista. La unidad popular, por otra parte, para que alcance la realización plena de sus intereses objetivos en un espacio económico y cultural sustentable, debe trascender el reducido espacio de la patria chica incorporando la noción y práctica de la Patria Grande Latinoamericana. Es por lo tanto inclusiva del conjunto del pueblo argentino y latinoamericano para un desarrollo nacional con justicia social; y eso supone enfrentar a las minorías enemigas de dicho proyecto, las mismas que han promovido el sectarismo y la violencia cada vez que el pueblo intentó modificar la historia. Si se acepta la validez del planteo formulado, obviamente resulta prioritario construir a través de una práctica política consecuente una relación de fuerzas altamente favorable (hoy debilitada) para corregir errores y profundizar el rumbo de transformaciones iniciadas por Néstor Kirchner en 2003.

Esa relación de fuerzas para que sea realmente favorable necesita de un trabajo político dirigido a forjar la postergada alianza entre obreros, capas medias y sectores informales, y se apoya en dos patas que resultan imprescindibles para seguir avanzando. Por un lado la profundización de la batalla cultural anunciada, ya que es la usina generadora de conciencia para la unidad de aquellos con intereses afines. Por otro lado una profundización de la batalla económica contra el privilegio, ya que una justicia social que pretenda consolidarse distribuyendo entre los más sumergidos ingresos provenientes de las capas medias y de los sectores trabajadores mejor pagos (para evitar de ese modo las rispideces que conlleva afectar los verdaderos privilegios oligárquicos e imperialistas), mina objetivamente las bases de la alianza. Además, se expone a crear climas propicios, una vez más, para nuevas derrotas del bloque nacional-popular. La unidad nacional posible y necesaria es, por lo tanto, la de todas las clases y sectores sociales que integran objetivamente dicho bloque (que es la gran mayoría de la Nación), el único capaz de modificar en lo sustancial el curso de una historia demasiadas veces repetida.

La Plata, noviembre 28 de 2012



Artículos:

1. Rosas, Obligado y la defensa de la soberanía. Por Juan Carlos Jara. Incluye video con el tema La Vuelta de Obligado interpretado por Alberto Merlo
2.Lisandro de la Torre y el problema agrario. Por Gustavo Battistoni
3.Video: Conferencia de Spilimbergo sobre Jauretche (en Banco Provincia, 1988). Realizado y enviado por Gustavo Gargiulo
4.Video: Corrientes historiográficas. Documental producido por Norberto Galasso


Para ingresar al Cuaderno Nº 9:
http://www.redaccionpopular.com/articulo/cuaderno-de-la-izquierda-nacional-no-9



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MensajePublicado: Vie Dic 14, 2012 2:20 pm    Título del mensaje: Responder citando


EDITORIAL DEL CUADERNO DE LA IZQUIERDA NACIONAL Nº 10

PUBLICACIÓN DE LA REVISTA DIGITAL REDACCIÓN POPULAR


EDICIÓN ESPECIAL: QUINTO ANIVERSARIO







Cinco años cabalgando junto al kirchnerismo

Por Alberto J. Franzoia
Director de Cuaderno de la IN


Fue en diciembre, pero de 2007, cuando pusimos a caminar este proyecto de difundir por la red una manera de ver Argentina, la Patria Grande y el mundo; manera que desde los años cuarenta del siglo veinte se integró en el bloque nacional y popular, más concretamente como su ala izquierda. Dice al respecto Norberto Galasso:
“La importancia de dotar a la izquierda de una óptica nacional ha sido puesta a prueba por la historia, pues mientras la trayectoria de la vieja izquierda antinacional se caracterizó por su esterilidad ideológica y su aislamiento, el grupo “Frente Obrero”, aplicando la teoría sin someterse a ninguna deformación, logró caracterizar correctamente al peronismo naciente en 1945, como un momento de la revolución nacional y dándole su apoyo de izquierda desde una perspectiva independiente, colocarse junto al movimiento de masas” (1).

Alguna vez sostuvimos que en nuestra tierra hay una izquierda del campo nacional (y latinoamericanista) claramente diferenciada de la izquierda cosmopolita, siempre funcional al bloque oligárquico-imperialista, y que ella está integrada (entre otras expresiones, incluida la izquierda peronista) por aquella que específicamente se denomina Izquierda Nacional (2). Dicho concepto aparece por vez primera (contrariando la autoría que se asignó ese enorme compañero que fue Juan José Hernández Arregui) en un documento del Partido Socialista de la Revolución Nacional, durante el segundo gobierno de Perón, más exactamente un 14 de abril de 1955:
“¡Por una nueva Izquierda Nacional y Latinoamericana! ¡Por un poderoso partido de la clase trabajadora! ¡Por la lucha irreconciliable contra el imperialismo y sus aliados!” (3).

Además de su pertenencia permanente al bloque nacional y popular esta izquierda que integramos se ha definido siempre como independiente de la conducción política del sector mayoritario de dicho bloque, es decir del peronismo. Ese es un tema que no debemos soslayar, fue así tanto en 1945 como lo es en la actualidad. Por ello uno de nuestros grandes maestros, Jorge Abelardo Ramos, expresó con meridiana claridad durante el proceso electoral de 1973, cuando no tenía ninguna duda sobre cómo se desarrolla el socialismo desde el bloque nacional: “cabalgamos junto al peronismo, pero en distintos caballos”. Y con ese extraordinario manejo de la síntesis explicativa daba cuenta del significado de la propuesta contenida en nuestra boleta del FIP de aquel año: “Vote por Perón desde la izquierda”. Tan lejos entonces de aquellas izquierdas que más allá de sus intenciones revolucionarias (subjetivas) tantos favores les han concedido (consecuencias objetivas de sus prácticas) a las fuerzas de la reacción latinoamericana, como de quienes también por izquierda se integran mansamente al poder abandonando la necesidad de construir el partido de los trabajadores para conducir el bloque (cuando los tiempos así lo aconsejen), nuestra publicación intenta transitar por esa delgada cornisa de la realidad política. Somos concientes de sus riesgos, pero estamos convencidos de sus logros a futuro.

Por estos días la mejor continuidad histórica del peronismo de Perón (que no siempre es expresado por los que se definen como peronistas) es el kirchnerismo. Es ésta la expresión mayoritaria del actual bloque nacional y popular, la que le permitió al peronismo recobrar la confianza de su pueblo, minada por los terribles años del menemato. Es una expresión obviamente distinta a la que gobernó durante los años cuarenta, cincuenta y setenta, porque otra es la realidad argentina, latinoamericana y mundial. El kirchnerismo es un proceso político de innegables cambios a favor de los sectores populares, pero no exento de errores y límites históricos. Los errores serán siempre corregibles, y el gobierno de los Kirchner ha demostrado que suele hacerlo avanzando; los límites no son propios de este gobierno sino de una visión de mundo, por lo que sólo se podrán trascender, según nuestro punto de vista, desde una perspectiva socialista.

Desde esa visión que reivindicamos porque nada tuvimos en común con el mal llamado “socialismo real”, que fue muy real pero nada socialista, nuestro Cuaderno de la IN ha cabalgado junto al gobierno de los Kirchner sin oportunismos, fiel a las ideas fundantes de nuestra corriente. Nunca lo hemos ocultado porque nuestro oficio no es el de travestirnos. Buena parte del camino hasta ahora recorrido por nuestra publicación fue junto a los compañeros de El Ortiba. No volveremos sobre los motivos que nos llevan hoy (a partir de agosto del año en curso) a continuar nuestro trabajo en Redacción Popular. Sólo diremos que ambas experiencias nos han enriquecido y que en ambos casos nos guió un objetivo no negociable: dar cuenta de nuestro pasado y presente, proyectando un futuro superador, desde una visión de mundo de Izquierda Nacional, lo más fiel posible a las ideas que justificaron su desarrollo desde los años cuarenta del siglo pasado hasta la actualidad.

Aquí estamos entonces, como siempre en el bloque nacional y popular, como siempre integrando su ala izquierda. Y dentro de ella siempre con nuestra especificidad socialista y revolucionaria, independiente de la conducción política peronista y kirchnerista. Cabalgando juntos, pero en distintos caballos.

En este décimo número de la segunda época (en Redacción Popular) festejamos nuestro quinto año de vida (que incluye el período transitado en El Ortiba) con la participación de algunos de los habituales colaboradores (Juan Carlos Jara, Gustavo Battistoni y Gustavo Gargiulo), más una colaboración especial en clave humorística de nuestro editor Raúl Isman y un fragmento muy valioso de la obra de Jorge Abelardo Ramos. Esperamos entonces que disfruten de un trabajo que es vástago del más puro esfuerzo, y que nos sigan acompañando en este nuevo año con la consecuencia de siempre, ya que ella constituye el estímulo necesario para continuar con nuestro aporte a la batalla cultural.


La Plata, 12 de diciembre de 2012



(1) Galasso, Norberto: Imperialismo y pensamiento colonial en la Argentina, página 269, Roberto Vera Editor, Buenos Aires, 1985

(2) Franzoia, Alberto J.: Izquierda nacional e izquierda del bloque nacional, publicado en El Ortiba http://www.elortiba.org/in_prod7.html#Izquierda_Nacional_e_izquierda_del_bloque_nacional


(3) Madariaga, José Luis: Introducción al socialismo, página 60, Editorial Octubre, Buenos Aires, 1974


Video: Vote a Perón desde la izquierda
https://www.youtube.com/watch?v=X7y-YRrpyCI



Artículos de éste número:

1. Manuel Ugarte y la Patria Grande (primera parte). Por Juan Carlos Jara
2. La onírica epifanía del chacho Peñatroski: Un gaucho federal, obrero y socialista. Por Raúl Isman.
3. Horacio Giberti y el desarrollismo agropecuario. Por Gustavo Battistoni
4. El marxismo y la cultura nacional (1964). Por Jorge Abelardo Ramos
5. Video: La segunda batalla de Malvinas. Conferencia de Jorge Spilimbergo (1984). Realizado por Gustavo Gargiulo

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MensajePublicado: Jue Dic 27, 2012 3:26 pm    Título del mensaje: Responder citando

EDITORIAL DE CUADERNO DE LA IZQUIERDA NACIONAL Nº11. ÚLTIMO NÚMERO DEL 2012

FELICES FIESTAS PARA TODOS NUESTROS LECTORES!!!
NOS VOLVEREMOS A ENCONTRAR EN FEBRERO DE 2013




El chavismo y Chávez
Por Alberto J. Franzoia


El 15 de diciembre pasado Fidel Castro le envío una carta a Nicolás Maduro (actualmente a cargo la presidencia de Venezuela) que fue leída en ocasión de conmemorarse el octavo aniversario de ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América). En breves palabras le expresa la relación de profundo afecto y compañerismo político que lo vincula con el Comandante Hugo Chávez:
“La ausencia del Presidente electo por más de 8 millones de venezolanos nos conmueve a todos.
Conocí a Hugo Chávez hace exactamente 18 años. Alguien lo invitó a Cuba y él aceptó la invitación. Me contó que tenía la idea de solicitar una entrevista conmigo. Lejos estaba de imaginarme que aquellos militares tildados de golpistas por las agencias cablegráficas, que con tanta discreción durante años sembraron sus ideas, era un grupo selecto de revolucionarios bolivarianos. Esperé a Chávez en el aeropuerto, lo conduje al lugar de su hospedaje y conversé con él durante horas, intercambiando ideas”.

Por otra parte Fidel no olvida los vínculos que unen a Cuba con Venezuela y a Chávez con los pueblos que luchan por su liberación, comenzando por aquellos que integramos la Patria Grande bolivariana:
“Nuestra cooperación médica con Venezuela comenzó a raíz de la tragedia de Vargas, en la que miles de personas murieron como consecuencias del abandono y la imprevisión en que vivía la población más pobre de ese Estado.
Venezuela, por su parte, ha sido especialmente solidaria con los pueblos del Caribe, Centroamérica y Suramérica.
Desarrolló fuertes vínculos con Bolivia, Ecuador, Brasil, Uruguay, Argentina y otros…”

Y en el tramo final de su exposición dice lo que cualquier latinoamericano embanderado con el cambio revolucionario sabe:
“El nombre de Hugo Chávez se admira y respeta en el mundo entero…
Como se conoce, todos los revolucionarios cubanos somos martianos y bolivarianos. Tengo la seguridad de que ustedes con él, y aún por dolorosa que fuese la ausencia de él, serían capaces de continuar su obra”.

No dudamos que el pueblo venezolano ha de tomar la posta cuando las circunstancias lo requieran, llevando las banderas que supo levantar el comandante hasta las últimas consecuencias. Así lo corroboró Nicolás Maduro tras los recientes comicios en los que el PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) de Chávez triunfo en 20 de los 23 estados venezolanos:
“Nos sentimos muy fortalecidos porque hemos obtenido una gran victoria, una victoria por encima de lo que todos podían esperar. De las ocho gobernaciones que estaban en manos de la oposición, liberamos cinco”

Sólo tres gobernaciones han quedado en poder de los nostálgicos del pasado; son Miranda, Amazonas y Lara. Pero, como bien sostuvo Maduro “liberamos cinco”: Carabobo, Monagas, Nueva Esparta, Táchira y Zulia. Y en Miranda el jefe de la oposición, Henrique Capriles Radonski, más allá de su triunfo, deberá gobernar con una legislatura mayoritariamente chavista.


Una breve reflexión para la hora

Existe una interpretación de la historia que la explica a partir de los grandes hombres; de sus hazañas e ideas brillantes habrían surgido inmediatamente los momentos más significativos en el desarrollo de la humanidad. Otros nos inclinamos por una concepción alternativa que recurre a los intereses subjetivos y objetivos que las principales fuerzas sociales de una sociedad expresan, para intentar una explicación que consideramos más apta para captar la rica complejidad de estos procesos. Para los primeros Perón gestó en Argentina el peronismo, de la misma manera que ahora, en Venezuela, Chávez dio origen al chavismo. Sin embargo para nosotros las fuerzas sociales que se manifiestan en ambos movimientos los han precedido. Sus intereses colectivos y necesidad de modificar a su favor la historia ya existían, faltaba que encontrasen el gran conductor político. Como nos enseñó Martín Fierro, el tiempo sólo era tardanza de lo que estaba por venir.

Cuando viene, cuando los pueblos oprimidos consolidan el desarrollo de su conciencia junto a ese conductor, y el conductor se reconoce en ellos, surge entonces la inigualable simbiosis revolucionaria. Desde esa perspectiva sostenemos, que recién cuando las fuerzas sociales del cambio han dado con su conductor, éste puede dotar al proceso transformador de una impronta definitivamente personal. Es en ese momento cuando aquellas fuerzas ya existentes, pero hasta entonces anónimas, adquieren una identidad reconocible por ellos y para los otros. Así surgen por ejemplo peronistas y chavistas. Han sido el producto de un proceso de acciones y reacciones dialécticas entre pueblo y conductor. Y cuando una identidad popular gestada para el gran cambio comienza a andar, más allá de derrotas circunstanciales y momentos de inocultable desazón, resulta difícil detener su marcha hacia la conquista del objetivo estratégico: la liberación

Por eso, como bien ha sostenido Fidel Castro con relación a Chávez y el chavismo en su carta (ya citada) a Nicolás Maduro:
“…Tengo la seguridad de que ustedes con él, y aún por dolorosa que fuese la ausencia de él, serían capaces de continuar su obra”.

La Plata, 26 de diciembre de 2012



Artículos de este número:

1. Manuel Ugarte y la Patria Grande (segunda parte). Por Juan Carlos Jara
2. Video: Mozart y las revoluciones. De Espartaco a Lenín. Una producción de Gustavo Gargiulo
3. Prólogo a Tomo 4: Historia del imperialismo norteamericano. Vol. 2, de Vivían Trías. Por Carlos Machado
4. Video: Liliana Felipe interpreta “Ernestina”

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MensajePublicado: Jue Feb 21, 2013 2:08 pm    Título del mensaje: Responder citando

Editorial del nº 12 de Cuaderno de la Izquierda Nacional
Publicación de la revista digital Redacción Popular
Año 2 - 2013






1. Hugo Chávez y su cita de Jorge Abelardo Ramos
Por Alberto J. Franzoia



Cuando el 28 de enero pasado Nicolás Maduro leyó en Santiago de Chile la carta que Hugo Chávez dirigió a los presidentes de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), no pude menos que experimentar una profunda emoción. No sólo porque es producto de un esfuerzo enorme de un hombre que está luchando por su propia vida, sino porque entre las citas a las que recurrió para señalar el camino de la unidad latinoamericana (ya no como un sueño lejano, sino como una práctica política que hemos comenzado a transitar sin descanso durante este siglo XXI), se encuentra nada menos que una de nuestro Jorge Abelardo Ramos extraída de su enorme “Historia de la Nación Latinoamericana”:
“Estas iluminadoras palabras, en una línea claramente bolivariana, del gran pensador argentino Jorge Abelardo Ramos en su Historia de la Nación Latinoamericana (1968), deben llamarnos a la reflexión: El subdesarrollo como dicen ahora los técnicos o científicos sociales, no posee un carácter puramente económico o productivo. Reviste un sentido intensamente histórico. Es el fruto de la fragmentación latinoamericana. Lo que ocurre, en síntesis, es que existe una cuestión nacional sin resolver. América Latina no se encuentra dividida porque es “subdesarrollada” sino que es “subdesarrollada” porque está dividida. El subdesarrollo es hijo de la división, y, por eso mismo, es decisivo resolver la cuestión nacional nuestro americana en los próximos años. Hoy contamos con todas las condiciones objetivas y subjetivas para hacerlo”.

No es un secreto que Ramos ha sido uno de los grandes maestros de la Izquierda Nacional y que la Historia citada constituye un texto que marcó mi vida. Como en otras oportunidades he señalado, en la versión original del mismo (1968 y 1973) hay un capítulo a modo de conclusión titulado “Bolivarismo y marxismo”, que orientó definitivamente mi visión de mundo y mi acción política. Sostuve en un escrito que publiqué durante el año 2007, integrando una biografía de Ramos que lleva por título “¿Quién es Jorge Abelardo Ramos?”:
“... fue Ramos quién sin saberlo forzó mi decisión al regreso del exilio en España. La democracia estaba por comenzar a dar nuevamente sus primeros pasos después de la siniestra noche que nos paralizó, aquella que con su oscuridad se llevó tantos amigos y compañeros. Para muchos jóvenes con deseos de politizar sus existencias, no era fácil la elección militante por esos años. Habían pasado días interminables en los que la posibilidad de hacer política se redujo a una elite cívico-militar especializada en arrebatar sueños.
Pero para algunos, ubicados desde mucho antes en el campo nacional y popular, la lectura de Ramos, un historiador y teórico que además hacía política, facilitó enormemente la elección. Cuando lo decidí sabía que estaba dando un paso trascendente para mi existencia, había que hacer política en un partido que luchara sin dobleces por el socialismo latinoamericano, porque sólo así conquistaríamos la dignidad de la Patria. Ese socialismo que Ramos expresaba en su síntesis magistral como un marxismo bolivariano. Fue entonces cuando me integré a las filas del FIP”. Recordemos que el FIP fue el Frente de Izquierda popular.

La dignidad de la Patria tenía por entonces (y tiene aún hoy) que ver con construir la unidad de una tierra balcanizada en 20 repúblicas por la acción conjunta del capital expansivo de los países dominantes (convertido desde el último tramo del siglo XIX en imperialista) y las oligarquías nativas. Sin embargo en la versión original del texto citado, esa unidad iba de la mano con un socialismo revolucionario de cuño latinoamericano, por eso afirmaba Ramos por aquellos días:
"Pero si para hacer de la Rusia bizantina una nación normal era preciso destruir su imperio y dar a las nacionalidades que lo integraban el derecho a separarse, para hacer de América latina una «nación normal», la fórmula es inversa: es preciso unir sus Estados. Tanto como para Rusia, en América latina la resolución de las tareas democráticas y nacionales sólo puede lograrse por medio del socialismo. La burguesía nacional es incapaz de lograr el dominio político en el interior de cada Estado balcanizado; con mayor razón, ni sueña con la unidad de todos ellos. Precisamente por esa causa la tarea de Bolívar pasa a los discípulos de Marx. Éstos no podrán realizarla, sin embargo, sin la tradición de Bolívar ni volviendo las espaldas a los movimientos nacionales".

Existe ahora una reciente versión de esta historia, editada en 2011, en la que se intenta dar cuenta de ciertas modificaciones. Las mismas son producto tanto de nuevos datos que Ramos incorporó antes de su muerte acaecida en 1994, como sostiene correctamente en la contratapa de la misma Víctor Ramos (su hijo), como de un cambio de perspectiva del autor (que no se explicita) en cuanto al rol que el socialismo (de cuño marxista y bolivariano) debe cumplir en la tarea unificadora. Para el Ramos de la época en que fue gestada la primera versión de “Historia de la Nación Latinoamericana” sólo ese socialismo podría garantizar la unidad definitiva, no así las burguesías nacionales; lo que se descubre sin dificultades en el fragmento que acabo de citar y que es, por otra parte, una constante de aquella visión original del Colorado. Su conocido cambio de perspectiva teórica en años posteriores (en los que el partido revolucionario para construir una sociedad igualitaria perdió su sentido histórico), es lo que condujo al autor a separar la posibilidad más consistente de una definitiva unidad latinoamericana del socialismo revolucionario gestado por la Izquierda Nacional. Esa que se gestó en los años cuarenta del siglo pasado al calor de las luchas populares junto al peronismo.

En la última versión del texto abordado el capítulo-conclusión “Bolivarismo y marxismo”, que tanto marcara mi biografía, ya no está presente. Como pretendo con estas breves palabras ser fiel a la historia de nuestra Izquierda Nacional, resulta imposible mirar para otro lado cuando comprobamos la presencia de este dato para nada anecdótico. Sin embargo es innegable que la tarea realizada por Jorge Abelardo Ramos para gestar conciencia acerca de la impostergable necesidad de unir nuestra Patria (grande) subdesarrollada por su balcanización, constituye un legado que deberemos reconocerle eternamente. Por eso, en la carta del comandante Hugo Chávez, no podemos menos que celebrar sin mezquindades la cita de quien fuera un maestro de tantos militantes por la liberación nacional. Pero recordando siempre que dicha liberación es, según la perspectiva histórica de la IN, inescindible de la liberación social conducida por las clases explotadas de nuestra sociedad; aquella que sólo un socialismo latinoamericano comprometido con los movimientos nacionales de la Patria Grande podrá garantizar. Como decía el propio Ramos en los sesenta-setenta:
“Precisamente por esa causa la tarea de Bolívar pasa a los discípulos de Marx. Éstos no podrán realizarla, sin embargo, sin la tradición de Bolívar ni volviendo las espaldas a los movimientos nacionales".

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